♫Music♫

Bienvenido, pesimista!

Espero que salgas de aquí satisfech@ al leer las desventuras de Jackeline, la desgraciada protagonista de este blog.

Hasta Dentro de Muchas Canciones, Krh.

Décimo día: Lo que ocurrió después.

Me levanté a las siete de la mañana del domingo. No había podido conciliar el sueño en toda la noche. Había probado a leer, pero los libros no habían conseguido distraerme de la fría, dolorosa y afilada realidad. La música solo me había sacado más lágrimas de las que creía que podría almacenar en mi cuerpo. Escribir..., no. Nada mitigaba, ni si quiera un poco, el dolor que sentía. En mi mente solo habían barcos vikingos que giraban y giraban. Vestidos rosas, melenas rubias, Sam besando a otra persona, etc. Podría haber llamado a mi hermano, molestarlo. Pero no tenía ganas, y eso es mucho decir.

Fui a la cocina, pero no tenía hambre. Inconscientemente acabé haciendo crepes con chocolate. No recuerdo habérmelos comido, pero cando acabé, la realidad me golpeó con la solidez de un muro de piedra. Tan fuerte que no aguanté más y fui a vomitar al baño. Vomité hasta que quedé completamente vacía por dentro. Me miré al espejo y me di cuenta de lo mal que estaba: ojerosa, con los ojos enrojecidos, el pelo sucio, pálida, vacía. Me aclaré una vez. Dos veces. Tres. Me aclaré hasta que el agua dejó de saber dulzona.

Las ocho.

No quería enfrentarme a la realidad, así que decidí aislarme por completo en una manta de indiferencia, como si lo que había pasado solo hubiese sido una película o algo que hubiese pasado en las novelas que veía mi madre...

Ring, ring. Ring, ring. Ring, ring.

-¿Hola?

+Hola, nena -dijo la cansada voz de mamá-. ¿Qué haces despierta tan temprano?

-No podía dormir. ¿Qué tal estás?

+Bien, a punto de salir del hotel para coger el autobús que me llevará al aeropuerto. Quería dejarte una perdida para que me llamases después pero la jugada me ha salido mejor de lo que esperaba -su risa sonó tan limpia que me hizo olvidar todo lo demás por unos momentos.

-¿Necesitas que haga algo en casa? ¿Que compre comida?

+Eso lo necesitáis vosotros que vais a estar unos días sin mí. Solo quería despedirme de vosotros antes de irme-. Tras unos instantes de silencio, añadió-: ¿Qué quieres que te traiga de recuerdo? Al fin y al cabo no pienso tirarme una semana entera escuchando discursos durante horas y horas. Algo de turismo podré hacer.

Intenté pensar con detenimiento. No lo conseguí.

-La verdad es que no lo sé, mamá. Acabo de levantarme y no estoy para pensar mucho. Pero si se me ocurre algo, te mandaré un mensaje.

+Ajá, ¿y qué más? -dijo, previendo lo que pasaba por mi mente.

-Sí, sí. También le preguntaré a Mickel si quiere que le traigas algo -respondí, sin tratar de ocultar mi fastidio. Mamá se rió otra vez de aquella forma tan maravillosa.

+Cariño, lo siento mucho pero el bus sale dentro de poco. Cuado llegue al aeropuerto volveré a llamar. Si tu hermano sigue durmiendo, despiértalo. Me gustaría despedirme de los dos.

-Vale. Ten buen viaje de ida. Te quiero.

+Chao, nena. Te quiero.

De repente, el silencio lo inundó todo, dejando la realidad fría y vacía. Me había olvidado por completo de casi todo lo que ocurría en mi vida. Cuando volví a ser consciente de todo, me mareé y corrí al aseo. Mickel apareció por las escaleras con mala cara. Llamó a la puerta del aseo y dijo:

-Deja de hacer ruido, jolines -(No dijo jolines)-. Son las ocho y media y es domingo. Si vas a estar molestando mejor que te vayas a dar una vuelta con Sam o algo así, pero a mí... Oye, ¿te encuentras bien? -dijo, abriendo la puerta y acercándose. Al ver lo que ocurría se asqueó y se tapó la nariz-. Voy a por la medicina contra el vómito, ahora vuelvo.

* * *


Desperté en mi cama, tapada y con una sensación de bienestar en el cuerpo, aunque me sentía terriblemente abatida. Comencé a escuchar una voz en las escaleras y Mickel entró, hablando alegremente por el móvil.

-Sí, ya se ha despertado. Es mamá- añadió en un susurro y alejando el móvil de su boca-. Espera, mamá. Voy a poner el altavoz para que te escuchemos los dos a la vez.

+¿Ya se me oye? 

-Si -contestó Mickel.

+Jackie, ¿estás mejor? Tu hermano dice que te encontró vomitando en el aseo y que mientras te llevaba a la cocina para darte la pastilla te desmayaste.

Miré a Mickel, como si lo viese por primera vez. Nunca antes se había preocupado tanto por mí hasta aquel momento. Sentí ganas de llorar de felicidad.

-La verdad es que no me acuerdo muy bien de todo.

-Mientras no se levante de la cama y haga grandes esfuerzos sanará rápidamente. Estoy seguro -confirmó mi hermano mayor. Me fijé en el delantal que llevaba y comencé a olisquear el aire, detectando un delicioso olor, aunque no supe identificar de qué se trataba.

+Así me gusta, Mickel. Que cuides de tu hermana menor como el hombre de la casa. Te traeré eso que has pedido si no recibo alguna llamada de Jackie quejándose de ti -se rió mamá.

-Tranquila, la dejaré en cama toda la semana. No permitiré que escape de su cuarto -dijo, con una malévola sonrisa en la cara. Pero me guiñó un ojo en señal de complicidad y volvió a su sonrisa normal. Mickel estaba actuando de una manera totalmente diferente a lo normal: serio, frío, borde y, a veces, hiriente. 

"Espero que le dure mucho tiempo", me dije, "este Mickel me gusta más que el otro".

+No seas muy malo con ella, Mickel. Solo tienes una hermana -dijo mamá, con una sonrisa en la voz-. He de despedirme ya, mis niños. El avión sale en breve. Os he dejado la nevera suficientemente llena para que sobreviváis toda la semana, pero por si acaso, tenéis dinero en el tarrito rojo que hay en mi cómoda. No me atraquéis mucho -. Volvió a sonreír-. Os quiero, niños. No queméis la casa en mi ausencia.

-Adiós, mamá. 

-Buen viaje.

Hubo un breve silencio y la cara de mi hermano se ensombreció de repente. Me miró e intuí que ya volvía a ser el mismo Mickel de siempre.

-Ahora, cuando comamos, me vas a explicar qué diablos te ocurre. Anoche volviste más empanada y más fea de lo habitual -dijo, serio. Me miró unos breves momentos antes de salir y dirigirse hacia la cocina. Su reacción me había tomado totalmente por sorpresa.

Las dos de la tarde.

                          * * *

Nos sentamos en el sofá y Mickel me miró como un gato que mira a otro inferior, esperando sumisión. Me pregunté si debía fiarme de él.

-Anoche, en la feria, me monté en el barco vikingo y después Kath y yo nos inflamos a algodón dulce y a mazorcas de maíz -dije, tratando de evadir cualquier hecho relacionado con Sam.

-Eso explica la vomitona, pero no el que vinieses con cara de perro apaleado. Vamos, Jackie -dijo, acercándose y en tono conciliador-. Se que no soy santo de tu devoción y que desde que murió papá nuestra relación no ha ido muy bien, pero he de confesar que el verte así de mal me ha tocado la fibra sensible. Si alguien te ha hecho algo, puedes contármelo. No tengas miedo.

Había tratado de mantener la calma y mis emociones a raya, pero aquella revelación y la forma en la que mi hermano había dicho todo aquello denotaba que estaba siendo totalmente sincero. Me puse a llorar, en parte por Sam y en parte por lo que Mickel acababa de decir.

-Oh, Jackie-. Me abrazó-. Venga. Desahógate conmigo. Llora todo lo que necesites. Yo te ayudaré a resolver tus problemas, ¿vale? -dijo, separándose de mí y con una sonrisa en la cara.

Empecé a contarle desde que Kath me había advertido sobre la misteriosa chica de los  ojos verdes. Relaté cómo Sam me había mandado un mensaje a última hora, excusándose  de que no podía faltar a un asunto importante que le había surgido. Le describí cómo Katherine había reaccionado ante mi mención de la chica de los ojos verdes, del encuentro con Lisbeth con su despampanante vestido rosa y de su reacción de sorpresa al vernos allí. No pude evitar llorar al contarle cómo había creído ver a Sam besando a Lisbeth y de cuando había confirmado mis sospechas al escuchar su voz al lado de la de Sam. Mickel me escuchaba, mudando su expresión a medida que iba atando cabos.

-Ese maldito mal nacido... -dijo, con una cara de odio que yo no le había visto nunca-. ¿Cómo se atreve a hacerte eso? ¿Acaso no eres suficiente para él? ¿No ve que eres la mejor novia que nunca podrá tener? Ese hijo de **** se va a llevar su merecido.

Me asusté. Mi hermano había gritado las últimas palabras. De repente, pareció darse cuenta de lo que había hecho y se sonrojó. Otra faceta que yo no había visto jamás. 

-Por favor, Jackie. No me tomes en serio -dijo, tratando de calmar el ambiente-. Sólo es que me enfada muchísimo que te haya podido hacer eso. 

Miré al suelo, desalentada. Mickel me abrazó y me dijo:

-Tranquila, lograremos salir de esta airosos. Yo te protegeré de él.


                          * *         *

Al día siguiente me desperté bien del todo. Ya no sentía mareos ni me dolía el estómago. Salí con cuidado de la cama y fui a la cocina, con un hambre digna de un león. Para mi sorpresa, Mickel estaba haciendo el desayuno. Tenía mirada de concentración, por lo  que decidí esperar a que se diese cuenta de mi presencia. Al fin se giró, se sorprendió de verme allí y me sonrió.

-¿Qué tal te encuentras?

-Tengo hambre. Mucha- puntualicé, sin tratar de ocultar las ganas de comer que sentía. Mi estómago rugió, dando más validez a mis palabras. Mickel se rió.

-Está bien, no te impacientes. El desayuno estará en unos minutos. 

-Oye, Mickel.

-¿Hm?

-Nunca te lo he preguntado porque pensaba que eras un ser frío y sin sentimientos.

-Ajá -dijo, removiendo el contenido de una olla pequeña con una cuchara. Si se sintió ofendido por ese comentario no lo dejó entrever. 

-¿Tienes novia? -esperé que saltase sobre mí, furioso por preguntarle sobre su vida privada a pesar de haberle desvelado grandes hechos de la mía el día anterior.

-No estoy interesado en nadie, por ahora -respondió, sin dejar de remover.

-¿Seguro? -dije, con sorna en la voz. Mickel sonrió y me miró de soslayo.

-Seguro, hermanita. Y tranquila -añadió a ver que yo iba a seguir hablando-, si encuentro alguna que me interese, lo hablaré contigo antes.

Desayunamos tranquilamente, hablando como si todas las barreras que desde hacía tiempo habían entre nosotros nunca hubiesen estado ahí. Compartimos anécdotas graciosas y nos lanzamos pullas sin importancia. Al fin y al cabo, éramos hermanos. 

Al terminar de desayunar, Mickel dijo que me tenía una sorpresa preparada. 

-Es una sorpresa tan grande que te olvidarás de cualquier problema que hayas tenido nunca -dijo, con los ojos brillantes.

-Pues ya puede ser buena, hermano. He tenido problemas muy feos durante mi corta vida... ¿Y dónde está la sorpresa? -pregunté, contagiada de la felicidad de Mickel.

-Aquí no, por supuesto. Una sorpresa tan grande no cabe en nuestra casa. Antes de nada, aséate como es debido. Has estado enferma y una ducha no viene mal a nadie de vez en cuando -añadió, mirando de forma significativa mi pelo que llevaba graso y apelmazado-. Después, vístete con tus mejores galas y ni se te ocurra llevar nada.

-¿Y cómo esperas que lleve las llaves, el monedero, horquillas por si...

-Nada de nada. Cualquier objeto de mano está terminantemente prohibido. Mochilas incluidas -añadió, como si esperase que le fuese a replicar. Sonrió y se internó en su cuarto.

Salí de mi cuarto ataviada con un vestido y mis inseparables converse. Llevaba el pelo ondulado e incluso me había molestado en semi-maquillarme. Mickel estaba en la puerta, muy bien vestido. Se giró a verme y sonrió.

-¿Crees que me he pasado?

-Estás espectacular, Jackie.

Sonreí con la satisfacción de quien sabe que su vida solo puede ir hacia arriba. Mickel me rodeó el hombro y me besó en la frente con cariño. 

-Jackie, espero verte siempre con esa misma sonrisa en la cara. 

-Pues entonces deberías darme sorpresas más a menudo. 

-No te acostumbres mucho, ¿eh? Si hago esto es solo porque mamá nos ha dejado el bote rojo lleno. Y ahora -añadió con cara de interesante-, vámonos. Hay mucho día por delante.


Con cariño, Jackeline.

PD: Aunque podría ser peor, ¿no?

Noveno día: En una cúpula.

El viaje en barco vikingo había terminado, pero yo no me había dado cuenta de ello. Mi mente seguía perdida y embotada, preguntándome si lo que había visto era real o me lo había imaginado. Katherine me condujo de la mano hasta la salida de la atracción y me miró, preocupada.

-¿Qué pasa, hermanita? ¿Te has mareado? Sam me había dicho que no te gustan las atracciones fuertes, pero no imaginé que te fueses a marear...

Salí de mi ensueño y me obligué a sonreír.

-Ha sido mucha impresión para mí. Nada más, pero me ha encantado. Si quieres montamos otra vez.
Kath me miró, extrañada, y negó con la cabeza.

-Mejor vamos a sentarnos, estás muy pálida. La próxima nos montamos en los coches de choque, seguro que así te pones mejor -. Sonrió de forma cálida y me cogió de la mano hasta conducirme hasta el primer banco que vimos.

No podía parar de darle vueltas a lo que había visto. Necesitaba hablar con Sam. Cogí el móvil y lo llamé, sin pensármelo dos veces.

Piiiiiiii...

Piiiiiii...

Piiiiiii...

-¿Hola?

-Hola, Sam. Soy Jackeline.

-Ah, hola preciosa. ¿Cómo estás?

-Muy bien, aunque un poco mareada. Acabamos de salir del Barco Vikingo. Había unas vistas excepcionales.

-Siento que te hayas mareado y también siento no poder estar ahí contigo y con Kath. Le hacía mucha ilusión estar con los dos y -. Escuché una voz femenina por detrás-:, espero que podamos volver a quedar antes de que se acabe la feria. 

-¿Qué tal te va? Ni si quiera me dijiste a dónde te ibas... -acabé, dejándolo como una pregunta en el aire.

-Lo siento. Por cierto, John te manda saludos. Estoy con él en su casa, preparando un trabajo que nos mandaron, y John solo podía quedar hoy, así que no tuve más remedio que decirle que si. Te lo compensaré, te lo prometo -. Volví a escuchar ese susurro con voz femenina-.

-Dile que gracias por los saludos -dije, tratando de contener la voz que estaba a punto de empezar a temblarme. Kath me miraba, muy seria -. Te dejo, Kath tiene cara de que quiere seguir montando en las atracciones. Hasta otro día. Te quiero.

-Hasta otra. Yo también te quiero, preciosa.

No colgué y esta vez entendí lo que decía la voz antes de que Sam colgase:

-Por fin ha colg-.

Seguía con el móvil en la oreja mucho después de que la conversación con Sam hubiese terminado. Tenía la mirada perdida y vacía y, aunque no lo creáis, no sentía nada más que un dolor sordo y lejano, como si estuviese en una cúpula. Pero pronto comencé a pensar en Kath y en la imagen que ella tendría de mí en aquel momento. Compuse la mejor sonrisa que fui capaz.

-Lo siento, pequeña. El barco vikingo me ha dejado mal. Pero ya estoy bien, vamos a los coches de choque, ¿si?

Kath sonrió y, tan cálida y nerviosa como siempre, me llevó hasta los coches de choque.

                                                             *              *              *

Llegué a casa de Anne un poco antes de la hora prometida, alegando que el algodón no me había sentado muy bien. Anne me dio las gracias por haber llevado a Kath a pesar de que Sam no había podido ir y Katherine me dijo que quería volver a repetir dentro de poco. Pero yo no me di cuenta de ninguna de esas cosas. Estaba embotada y confusa, como si hubiese despertado en un lugar desconocido y todo fuese distinto, como si las luces de las farolas no alumbrasen del todo la calle, como si los coches hiciesen menos ruido del habitual. Todo era menos, y menos era todo lo que sentía. Incluso estuve a punto de ser atropellada por un ciclista. Sigo sin recordar cómo llegué a mi casa y qué fue lo que me dijo mi hermano sobre no-se-qué juego nuevo que se había comprado esa tarde. Llegué a mi cuarto, ordenado y limpio. Dejé la mochila en la cama y me acosté, con la luz apagada. Me fijé en que la luna creciente pasaba por la ventana abierta. La cerré. Me sentí una extraña en mi propio cuarto, examinando cada rincón y cada estante, en busca de algo que me resultase familiar. Volví a tumbarme en mi cama, con el móvil encendido y con la foto que tenía de Sam en el fondo de la pantalla.

Rompí a llorar.


Con cariño: Jackeline.

P.D.: Aunque podría ser peor, ¿no?

Octavo día: Un corazón roto... VI

-¡AAH! -grité, con el corazón en la garganta.

El sueño había sido muy intenso, casi como si hubiese sido real; Sam y yo paseando, él agarrado a mi cintura. Sam susurrándome palabras cariñosas al oído. Sam deteniéndose, acariciando mi mejilla dulcemente, acostados en un pequeño claro al atardecer, posando sus dulces labios en los míos, recorriendo mi cuerpo con sus manos firmes. Pero entonces se había puesto a dar rítmicos golpes tras los cuales una guitarra había empezado a sonar, una melodía que conocía muy bien.

Entonces todo se había desvanecido y lo único que había alrededor era mi oscura habitación, fría como una cueva, mientras Brian Johnson daba comienzo a una de las mejores canciones que jamás he conocido.

Apagué la alarma y fui al baño. Mientras me duchaba, dejando que el agua caliente me recorriese con su delicioso abrazo, sonreí. Desde que Sam había declarado que éramos novios me sentía flotando en una nube de felicidad perpetua que, yo pensaba, nadie podría destruir.

¿Lo mejor de todo? Sam me visitaba siempre que podía y salíamos a pasear o a comer. Le veía un promedio de tres o cuatro veces a la semana (algo que ambos considerábamos insuficiente).

Y la situación fue mejorando. Tener a Sam a mi lado era reconfortante, una gran fuente de alivio. Actuaba como un amigo, como un novio, como todo lo que siempre había necesitado, y nunca me obligaba a hacer nada en contra de mi voluntad. Pero una noche en casa de Robert, en la misma casa que cuando Sam me besó por primera vez, las dos chicas que iban tras él cogieron mi champú personal y vertieron un potente baño de color naranja chillón. Cuando me sequé el pelo y descubrí el desastre hice lo único que podía hacer: devolvérsela.

Al día siguiente amanecieron entre gritos de horror al descubrir mi extraordinaria e inolvidable venganza: la miel que había untado en su pelo unas horas antes del amanecer había atraído a unos visitantes no deseados: hormigas. Antes de ponerles la miel me tomé la molestia de rociarles en la cara, cuello y piel al descubierto con un potente veneno contra insectos, no dañino para ellas. Ese día Sam nos cogió a mí y a las dos chicas que iban detrás de él y, agarrándome por la cintura, les dijo:

-Que os quede clarito a las dos: ella es y siempre será la única dueña de mi corazón, y vosotras jamás podréis hacer nada por evitarlo, ¿vale? -. Me miró intensamente y me besó-. La próxima vez que os pille intentando algo no seré tan considerado como Jackeline -sentenció con un tono con el que jamás le había escuchado hablar.

Ellas, encendidas y a punto de explotar, se fueron cabizbajas y no las volvimos a ver en un mes y medio. Cuando volvieron afirmaron haber perdido todo sentimiento hacia Sam, aunque más de una vez las pillé viendo fotos suyas y hablando de él y de cómo se desharían de mí.

Sus amenazas nunca llegaron a realizarse.

El segundo trimestre terminó con alegrías por los empollones que aprobaban y disgustos por los que suspendían. (Yo siempre estuve y estaré en el segundo grupo)

Pero había un problema mayor que los suspensos: Sam y yo habíamos caído en la aburrida y pesada rutina. Siempre que venía a mi casa (o me iba a la suya) nos dábamos un beso, hablábamos de lo que habíamos hecho en el tiempo en el que no nos habíamos visto y, tras la comida, salíamos a dar una vuelta por donde fuese. Así iba la cosa. Siempre lo mismo, las mismas frases, los mismos paseos silenciosos cogidos de la mano pero con la mente lejos, muy lejos de allá donde estuviésemos.

Un día, tras la primera semana de vacaciones, decidí hablar con Sam sobre lo que estaba pasando.

-Tienes razón. Yo también lo he notado y, la verdad, no sé lo que hacer. Creo que nos hemos apagado.

Con dolor tuve que reconocer que lo que decía era la pura verdad. En seguida comencé a sacar mil y un problemas por lo que fuese que estábamos así y no tardé en imaginar las desastrosas consecuencias de ello.

-¿Crees que... tendríamos que dejarlo? -pregunté, con lágrimas en los ojos.

Sam se sorprendió por mi pregunta, por lo que se acercó a mí y me abrazó.

-Eso no va a pasar nunca, Jackie. Que estemos en un período en el que no sintamos lo mismo que al principio no significa que tengamos que dejarlo -. Me obligó a mirarle a los ojos-: Créeme. Hay cosas mucho peores por las que cortar con alguien.



Comenzó a relatarme sus antiguos noviazgos y de las causas por las que había cortado, desde infidelidad hasta viajes a vivir al extranjero. En total cuatro.

En un momento de valor y confianza le conté todos mis problemas, mis miedos, complejos e incluso manías. En una tarde me abrí a él como no lo había hecho nunca con nadie, ni siquiera con mi madre. Él hizo lo mismo. Llegamos a conocernos como si hubiésemos vivido la vida del otro.

Entonces se hicieron las doce y media.

-Bueno, yo debería de irme a mi casa. Mi madre estará preocupada.

Sam se levantó y cogió las llaves de su moto.

-Te llevo.

Al bajar las escaleras me encontré con la hermana de Sam, Katherine. Me encantaba. Con siete años hablaba como una persona mayor. Era muy abierta y alegre. Tenía el pelo largo y rubio de su padre y los ojos verdes de su madre. Me recordaba a una pequeña versión de Sam. Pero sobretodo tenía la inocencia propia de su edad. Nunca sabré cómo la mantenía pero ahí estaba.

Estaba sentada en el suelo de madera con un cuaderno en suelo y ceras de colores esparcidas a su alrededor. Al verme bajar las escaleras se levantó y me dijo:

-Hola, capitana. ¿Cómo van los vientos y el rumbo entre mi hermano y tú? -soltó con una agradable sonrisa. Miré a Sam y los dos comenzamos a reír. Me llamaba capitana porque mi nombre se parecía al de Jack Sparrow de Los Piratas del Caribe.



-Viento en popa y a toda vela, con rumbo a mi puerto.

-¿Puedo irme contigo? -me dijo con cara de Gato con Botas. Comencé a reír mientras le acariciaba su pelo.

-¡Pero bueno! -dijo la madre de Sam, Anne-. ¿Qué es eso de invitarse a la casa de alguien?

-Tranquila, Anne. No pasa nada. Pero este fin de semana te prometo que tu hermano y yo te llevaremos al parque de atracciones y nos montaremos en el barco vikingo, ¿qué te parece?

Se le iluminó la cara de alegría mientras me daba un fuerte abrazo y me decía:

-¡GRACIAS! -. Entonces miró a Sam con cara de odio y le dijo-: Aprende de ella, hermanito. Así es como se trata a las hermanas menores.

Con el mismo tono de voz que Katherine, Sam le dijo:

-Ten cuidado, Kath, no vaya a ser que alguien te tire por la borda del barco.

-¡MAMÁAAAA! -dijo Katherine, escondiéndose tras de mí.

Anne, aguantándose la risa, les dijo:

-Vale ya, Sam, no le digas eso. Mira que discutir delante de los invitados -. Se pasó la mano por la frente y me dijo-: Así todos los días, no tienen remedio. Pero les quiero mucho -y añadió con un tono de voz un poco triste-, al fin y al cabo son lo único que me queda.

La abracé. Ella comenzó a llorar, y Katherine, preocupada, dijo:

-Mamá, ¿por qué lloras?

Anne, secándose las lágrimas y sonriendo contestó:

-Por nada, cariño, es porque no quiero que Jackeline se vaya tan pronto.

-¡No pasa nada! La volverás a ver el sábado.

-Tienes razón, cariño. Qué tonta soy -dijo con una sonrisa-. Sam, acuesta a tu hermana que es un poco tarde para ella.

-No es tarde para mí. Ya tengo casi ocho años -dijo, indignada.

-Pues si no te acuestas ahora, me parece que el sábado no podrás ir con Jackeline al barco vikingo.

Corrió hacia las escaleras pero antes de tocar el primer escalón corrió hacia mí y, dándome un fuerte abrazo, me dijo:

-Hasta el sábado, hermanita.

-Hasta el sábado.

Me fui a separar de ella, pero me atrajo hasta que su boca quedó en mi oído y me susurró:

-Cuidado con la chica de los ojos verdes. Ella quiere hacerte daño.

Me dio un beso en la mejilla y desapareció al final de las escaleras junto con Sam.

*                              *                              *

Salimos a la calle, montamos en la moto de Sam y llegamos hasta mi casa, la luz que indicaba la tele encendida.

-Adiós, Jackie.

-Adiós.

Nos dimos un abrazo. Sam se sentó en su moto, arrancó y se fue. Yo me quedé en la puerta de mi casa, mirando el lugar por el que se había ido mientras pensaba en lo que habría querido decir Katherine.

-Buenas noches cariño, llegas un poco tarde -dijo mi madre con cansancio.


-Lo siento. Me he olvidado de la hora hablando con Sam -dije, acercándome.

-No pasa nada. Solo me preocupo por ti -. Se quedó mirando con nostalgia la foto de papá que había en el pasillo. Su mente se alejó de allí y se fue muy lejos, al pasado. Pasados unos minutos volvió la la realidad- Lo siento, Jackie. Estaba en otra parte. En la cocina tienes la cena preparada. Me voy a dormir, hoy ha sido un día duro.

Le di un abrazo que me devolvió con gusto. Me miró con los ojos llorosos y se fue sin que me diese tiempo a decirle nada.

Papá murió hacía ya tres años. Se fue al supermercado y, cuando intentó hablar tranquilamente con el atracador éste le disparó y se fue corriendo. Para cuando llegó la ambulancia ya había perdido mucha sangre. No pudimos despedirnos de él.

Una semana después encontraron al asesino de papá. Se había suicidado, pero antes había dejado una nota para nosotros.

''Esta pena me consume. No puedo vivir sabiendo que he matado a alguien inocente. A la familia del hombre, os pido perdón. Es increíble que lo haya hecho. ¿Sabéis lo que me dijo antes de que le disparase? Me cogió del hombro, sonriente, y me dijo: 'Si quieres comida yo te compraré. No hace falta que nadie sea herido. Después sal del supermercado y se feliz con tu familia' Yo no iba a dispararle, lo juro. El guarda sacó una pistola y me sorprendió. Cuando vi lo que había hecho salí corriendo como el cobarde que siempre he sido. Os pido que, con el tiempo, podáis perdonarme''.

Para mamá fue un shock. Ni mi hermano ni yo pudimos hacer nada por ayudarla. Se encerró en sí misma durante un año entero y, pasado ese año, nunca volvió a ser la misma.


Tras cenar me fui a mi habitación, llorando en silencio por el recuerdo de mi padre. Sin él la vida estaba vacía, muy vacía. Ni Mickel ni yo lo habíamos superado. Esa era muchas veces la causa de nuestras peleas. Intentábamos olvidarlo pero, al final siempre volvía su recuerdo con una foto, su comida favorita o una canción de las que solía escuchar. Aquellas torturas no terminaban nunca.

Justo antes de entrar en mi habitación escuché un sollozo provinente de la habitación de mamá. Dudé entre dejar que se desahogase sola, como siempre nos decía que hiciésemos, o darle un abrazo y dejar que se durmiese abrazada a la foto de papá. Cuando fui a entrar el sollozo paró, como si mamá supiese que iba a entrar. Giré el picaporte poco a poco y sin hacer ruido. La luz estaba apagada y mamá estaba, como siempre, destapada con restos de lágrimas sobre sus mejillas y la foto de papá y ella el día de su boda entre los brazos.

Se me partió el corazón y no pude evitar un suspiro acompañado de una lágrima. Arropé a mamá, le di un beso en la frente y dejé la foto de papá a su lado en la mesilla de noche como si estuviese velando sus sueños.

'Necesitamos que vuelvas', pensé. Sabía que eso nunca sería posible pero el decirlo me aliviaba. Había veces en las que me despertaba y pensaba que todo había sido tan solo una mala pesadilla. Pero luego veía los ojos apagados de mamá, el sitio en el que papá solía colgar su abrigo vacío y la realidad volvía a ser amarga y dolorosa.

'Por lo menos tiene a Anne. Se llevan muy bien. Siempre han sido buenas amigas y más ahora'.

La madre de Sam y mi madre siempre estaban juntas. En casi todas las ocasiones se iban a comer a una cafetería que había en una parte apartada de la ciudad. Mamá decía que allí fue donde tanto Anne como ella habían conocido a sus maridos.

-Fue cosa del destino -siempre decía.

Tras meterme en la cama y a punto de dormirme vibró el móvil. Era un mensaje de Sam.

"Jackie, el sábado no voy a poder ir a la feria porque me ha salido un asunto. Llévate a Kath, por favor, le hace mucha ilusión. Lo siento mucho, no puedo dejarlo de lado, es muy importante para mí. Buenas noches, preciosa.

"No pasa nada. Ya nos vemos el miércoles. 
Buenas noches".

Me decepcionó y me extrañó mucho que tuviese que irme sin él. Había insistido tanto en ir que por plasta había tenido que decirle que si. Por lo menos estaría con Katherine. Ella era capaz de hacer que una piedra fuese más divertida que el mejor de los libros de aventuras. Sonreí pensando que el sábado sería mi primera tarde de chicas.

'Que pijo y repipi suena eso de 'Tarde de chicas'. Tendré que llamarlo de otra forma. 'Tarde de risas' suena mucho mejor'.

*        *        *
                                 
Pasaron los días y desperté, la mañana del sábado, a las siete y media. Miré la hora en el móvil y me enfadé con mi reloj biológico, incapaz de dejarme dormir un ratito más.

'¿Por qué no pasa esto cuando tengo instituto?'.

Incapaz de volver a conciliar el sueño me levanté, zombie, y caminé como una autómata hacia el baño. Tras asearme y desayunar fui a mi habitación, dispuesta a aprenderme la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto nazi como si los hubiese vivido.

Dos horas después (en las que había estado decorando el libro de Historia con dibujitos y frases que se me ocurrían) la alarma del reloj dio las doce del medio día. Me tocaba pasar el aspirador por toda la casa y tirar la basura. De repente se me ocurrió hacer algo maravilloso: entrar en la habitación de mi hermano, aún durmiendo, con el aspirador.

Volaron almohadas, zapatos y, no se por qué, un martillo de juguete hacia mí. Encerré a mi hermano, que profería en insultos hacia mi persona, y terminé las tareas de casa.

La una y media.

Mamá llegó de trabajar por el garaje. Se la veía cansada.





-Buenos días, cariño. Ya estoy en casa -dijo, deshaciéndose de su chaqueta y su bolso.

-Buenos días, mamá. ¿Qué tal el trabajo?

-Aburrido, como siempre. La semana que viene tendré que salir del país para asistir a una conferencia en Alemania, me iré el domingo al hotel y de ahí al aeropuerto. Repartíos entre tu hermano y tú las tareas de casa y, sobretodo, no os peleéis, ¿de acuerdo?

-Si, de acuerdo.

Miró a mi hermano que bajaba, zombie, por las escaleras.

-Si, mamá -. Me miró de reojo y me susurró-: ¿Qué pasa?

En el mismo tono le contesté:

-Se tiene que ir a una conferencia en Alemania la semana que viene. Tenemos que repartirnos las tareas e intentar no pelearnos.

-Bueno, no ha dicho nada de dejarte medio muerta -dijo, con una media sonrisa en la boca. Le dí una colleja, disgustada, y me fui a la cocina.

Mickel me siguió y me dijo:

-¿A qué ha venido eso?

-Anoche la volví a escuchar llorar...

Mi hermano cambió su cara por una mueca de honda tristeza y me ayudó, en un profundo silencio, a hacer la comida. Cuando acabamos le dí un abrazo y pusimos la mesa. Me sentí como si comiese sola en mi casa. Nadie decía nada. No había nada que decir.

Tras comer fregué los platos y los cubiertos, y me fui a mi habitación. Retomé la lectura de un libro que me habían recomendado unas chicas de mi instituto. Estaba realmente picada con aquel libro que narraba las desventuras de un niño en un mundo fantástico en el que todo el mundo nacía con una criatura que, según su elemento, determinaban su destino en la vida. La criatura del niño había nacido muerta y, por lo tanto, estaba solo y triste, despreciado por todo el mundo, incluso por su familia, hasta que un día se encontraba a una especie de juglar que le dijo que no estaba solo, así que se embarcaba en una aventura sobre la razón por la que su criatura nació muerta junto con el juglar y su criatura.

Horas después el móvil comenzó a sonar. Lo cogí.

-¿Hola?

-Hola, querida -saludó la voz de Anne al otro lado-. Ya sé que aún no es la hora para que te lleves a Katherine al parque de atracciones pero no para de decirme que te llame para que no se te olvide y... Espera, cariño.

Escuché una risa y de repente una voz infantil y dulce me saludó.

-Hola, capitana.

-Hola, grumete. ¿Por qué perturbas el descanso de tu capitana? -dije, poniendo voz de dura.

-Lo siento, mi capinata. Temía que hubieses olvidado el plan de esta tarde.

-¿Cómo osas pensar que tu capitana podría haberse olvidado de ti? Mira, como sé que estás impaciente porque llegue ya la hora para irnos al parque de atracciones te propongo una cosa: vístete ahora mismo y nos vamos a dar un paseo, te llevo a comer helado y después nos vamos al parque. ¿Te parece bien, grumete?

-¿Estás segura? Es que no sé si mamá me dejará.

Escuché la risa de Anne al otro lado.

-¿Te atreves a contradecir a tu capitana?

-No.

-¿''No'' qué? -dije, con dureza.

-NO, MI CAPITANA. Me arreglaré en seguida, mi capitana.

-Te veo ahora, pequeña. Ponte bien guapa, ¿e?

-Si, lo haré. Hasta ahora.

Se oyeron unos pasos apresurados y una risa cansada al otro lado.

-¿Qué le has dicho? -me preguntó Anne.

-Le he dicho que me paso ahora a por ella. Me la voy a llevar de paseo a tomar algo dulce, ¿te parece bien?

 -Te la dejo en tu casa aprovechando que voy al trabajo. Pero no dejes que se aproveche de ti, que es una niña muy golosa -dijo Anne, riéndose-. Estaré ahí en unos minutos. Hasta ahora, querida.

-Hasta ahora, Anne.

Con una gran sonrisa me quedé pensando en lo divertido que debía ser tener una hermana pequeña como Katherine. Salí de mis ensoñaciones y me enfrenté a la ardua tarea de elegir ropa. Nunca tuve un gran sentido para vestir por lo que mi madre siempre había estado ahí para decirme qué colores convinaban bien o qué zapatos pegaban con qué tipo de ropa. Con mis escasos conocimientos de vestimenta fui a lo seguro: vaqueros, camiseta y mis desgastadas converse. Metí las cosas en la mochila y la dejé en la cama para poder ponerme las converse. Escuché el pitido de un coche, unos pasos apresurados y el sonido del timbre. Una risa infantil se colaba entre las rendijas de la ventana abierta. Bajé las escaleras dispuesta a dar la bienvenida a Katherine pero mi madre ya se había adelantado y hablaba alegremente con Anne mientras Katherine se despedía de su madre y corría a abrazarme cálidamente.

-Hola, capitana. ¿Nos vamos ya?

Vi que Anne paraba el coche y salía de él. Llamó a Katherine.

-¿Sí, mamá? -dijo con voz pícara.

-No te aproveches de la generosidad de Jackeline, ¿me oyes? Cuando te traiga le preguntaré si has sido buena y como no hayas sido buena...

Katherine se puso seria de repente. Me apresuré a decir con voz dramática:

-Si no eres buena haré que pasees por la tabla y te comerán los tiburones.

Con una mueca de auténtica sorpresa Katherine dijo:

-¿Tienes tiburones en tu casa? Pero si no tienes ni piscina, ¿dónde puedes guardarlos? ¿En la bañera? ¿PUEDO VERLOS?

Todos rompimos en carcajadas, incluso Mickel, tan serio que era, se estaba riendo abiertamente.

-¡Ay! Qué chiquilla más linda -dijo mi madre, secándose una lágrima que se le había escapado-. Ten cariño. Te dejabas la mochila en tu cama.

-Ostras... -me sorprendí por mi gran error. Le di un abrazo a mi madre-. Qué haría yo sin ti, mamá...

-Desde luego que a la feria no podrías ir -dijo, riéndose alegremente.

*          *          * 

Llegamos a la heladería, tan llena como todos los sábados. Cuando un chico le pedía una cita a una chica la solía traer allí. Estaba en un lugar escondido y su letrero no llamaba la atención pero por dentro era de vivos colores y los helados estaban deliciosos. Nos sentamos en una mesa, justo al lado de la ventana, y comenzamos la elección de sabores. Yo siempre pedía menta con chocolate y sirope de chocolate. De repente recordé lo que días antes me había dicho Katherine al despedirme de ella.

-Katherine... -dije, con un poco de seriedad.

-Dime -dijo, con la cara manchada de fresa y chocolate.

-El otro día, cuando nos despedimos, me dijiste que tuviese cuidado con "la chica de los ojos verdes" -. En seguida se puso seria y dejó de comer helado. Yo hice lo mismo.

-No dejes que os separe a Sam y a ti. Tú me caes mejor que ella, a ella no le gustan los niños y cuando estamos solas muchas veces me dice que cuando Sam y ella estén juntos me mandará a un sitio lejos y no podré volver a ver a mis amigos. Por favor, ¡no dejes que se lleve a Sam con ella! ¡No quiero no volver a ver a mamá ni a mis amigos! -dijo, con lágrimas en sus dulces ojos. Me acerqué a ella y la abracé. Quería preguntarle quién era y si veía muchas veces a Sam pero opté por dejarlo para otro momento. La tarde era para disfrutar con ella, no para verla triste. Ya habría tiempo para este asunto tan delicado.

-Tranquila, pequeña -. Le sequé las lágrimas con mi servilleta-. No dejaré que se lleve a Sam y mucho menos que te haga esas cosas tan horribles, ¿vale?

Me miró y noté que toda su preocupación desaparecía de repente. Una sonrisa afloró en su cara y siguió comiendo helado como una niña pequeña. Bueno, de hecho lo era. Noté que mi móvil vibraba de repente. Lo saqué. 'Hora de recoger a Kath', ponía en la pantalla.

-¿Ya has acabado, grumete? -le dije, con media sonrisa. Vi que se tomaba el helado muy rápido y noté cómo su cara cambiaba a una mueca de dolor.

-¡Aaaaah! ¡Mi cerebro se ha congelado! ¡No puedo ni pensar en cuánto me duele! -gritó. La gente nos miraba y sonreían. Estallé en carcajadas.

-Venga, vámonos a la feria que estará llena de gente y habrá muchas colas. Sobretodo en el Barco Vikingo -añadí, al ver que Katherine no mostraba interés. Me miró, sorprendida y se levantó. Me cogió de la mano y me condujo a la salida, acerada.

-¡CORRE, QUE LLEGAMOS TARDE!

-¡Espera, que tengo que pagar los helados! -dije, soltándole la mano. Me miró como enfurruñada. Contuve una sonrisa pícara.


*          *          *

Llevábamos escuchando la música de la feria desde hacía 20 minutos cuando llegamos a la entrada. Pasamos frente a miles de puestecitos típicos de las ferias con peluches, pulseras, camisetas y demás. Tras comprarme y ponerme una camiseta de uno de mis grupos favoritos (Linkin Park) encontré a una sorprendida Lisbeth a mis espaldas. Iba más guapa de lo normal.

-¡Hola, Jackie! -dijo, sonriente. Me dio un abrazo.

-Hola -. Sonreí. Hacía mucho tiempo que no la veía-. ¿Con quién tienes una cita? ¿Con Jacke Gyllenhaal?

-¿Crees que me he pasado? 

-Nah, vas genial. Tiene que ser alguien muy especial para que vayas así. Tendrías que haberte comprado el vestido de otro color.

-¿No te gusta el rosa? -preguntó, incrédula.

-No me apasiona, la verdad. Pero a ti te queda muy bien, y no soy yo la que va a tener una cita con alguien así que espero que triunfes mucho con tu vestido rosa. 

De repente salió Katherine entre las camisetas, con un peluche en la mano y cara suplicante. 

-Jackeline... -dijo, poniendo una voz dulce e inocente-. ¿Has visto qué peluche taaaan bonito he encon...

Se interrumpió al ver a Lisbeth, que también parecía sorprendida. En seguida Katherine se escondió detrás de mí, tímida de repente. Me sorprendió mucho, ella solía ser muy abierta con todo el mundo.

-Ah, esta es Katherine, la hermana pequeña de Sam -miré a Katherine, esperando que dijese 'Hola'.

-¿Podemos irnos ya? Seguro que la cola del Barco Vikingo será muy grande y no podremos montarnos -dijo, para mi sorpresa.

-¿No saludas, grumete? 

-Lo siento, Jackie, no tengo mucho tiempo. He quedado dentro de media hora y tengo que cojer el bus. Ya nos veremos otro día, ¿vale?

-Vale -dije, aún un poco confusa. Le di dos besos y un abrazo-. Suerte con tu cita, seguro que te va muy bien.

-¡Gracias! -respondió, alejándose y despidiéndose con la mano.

Me volví a Katherine, que había dejado el peluche en su sitio y había vuelto a ponerse detrás de mí.

-¿Qué te ha pasado, pequeña? -dije, conciliadora. Me puse a su altura y le acaricié el pelo. En seguida entendí lo que pasaba-. Mi amiga te ha recordado a "la chica de los ojos verdes", ¿verdad?

Ella me abrazó y dijo:

-Jackeline...

Era la primera vez que me llamaba por mi nombre completo. Sentí una garra de hielo oprimiéndome el corazón.

-¿Qué pasa, Katherine?

-No quiero que ella me haga nada malo. No dejes que me aleje de mamá ni de mis amigos..., ni de ti.

Contuve las lágrimas. Me vi reflejada en su dolor por unos instantes. La separé de mí y le dije, seria:

-Prometo que no dejaré que ella te haga daño, ¿me oyes? No permitiré que te aleje de mí. Te llevaré a mi casa si es necesario, pero no dejaré que te diga esas cosas tan horribles.

En seguida dejó de llorar y su tristeza quedó sustituída por una gran sonrisa. Me cogió de las manos y tiró suavemente de mí para abrazarme. Se soltó y salió corriendo, en dirección al Barco Vikingo. Corrí tras ella, feliz de haberla hecho sonreír.

Ya en la cola del Barco Vikingo comencé a pensar que disponía de poco presupuesto para ambas y que no podríamos montar en más de dos atracciones y tendríamos que compartir el algodón de azúcar. Saqué el monedero para pagar las entradas cuando topé con algo: un billete de 20€ y una nota:

"Para que podáis divertiros aún más. 

                                       Con amor, mamá".

Sonreí de oreja a oreja. Aunque no tanto como Katherine, que miraba hipnotizada cómo el barco iba y venía. Me miró de repente muy seria.

-¿Esto está ocurriendo de verdad, hermanita?

Me sorprendió un poco su pregunta.

-Pues claro que sí... A no ser que estemos dormidas en las camas de unos aliens mientras nos estudian en su nave y nos hemos encontrado dentro del mismo sueño -. Vi que se sorprendía por mi historia-. Pero no te preocupes, los aliens solo eligen a las personas malas para estudiarlas y hacerles pruebas. Además, nadie se atrevería a meterse con las piratas más temidas de los siete mares, ¿verdad?

Asintió con una tímida sonrisa y volvió a contemplar el barco con un aire muy serio. De repente dijo:

-Espero que los aliens cojan a la chica de los ojos verdes y la estudien.

La miré con tristeza y la atraje a mi lado.

-Katherine, no está bien desear que a la gente le pasen cosas malas.

Me miró muy sorprendida.

-¿Incluso si son malas?

-Incluso si son malas.

-¿Y por qué? -preguntó, reticente a esa idea.

-Porque eso sería rebajarse hasta su nivel, ¿y a que no te gustaría rebajarte al nivel de una mala persona?

Me miró confusa.

-¿Qué es rebajarse al nivel de una mala persona?

-Llegar a ser como ella -le expliqué.

Volvió a sorprenderse. Vi el arrepentimiento en su mirada y noté que se sentía mal.

-Pero tranquila -continué-, tarde o temprano a las personas malas les pasan cosas malas y se llevan su merecido. Los buenos siempre ganan.

Me miró y sonrió de forma cálida. Cómo me encantaba aquella niña. De repente el barco fue parando hasta dejar de moverse por completo. Faltó tiempo para que Katherine saliese corriendo en dirección a una de las cárceles del barco, dispuesta a todo. Entré tras ella y cerraron la puerta con una gran cadena.

A Katherine se le iluminaron los ojos cuando comenzó a moverse, de alante a atrás. Sentí que mi estómago quería separarse del resto de mi cuerpo pero esa sensación pronto quedó sustituída por un sentimiento salvaje de libertad. Comenzamos a gritar y a gritar. Cuando el barco se preparaba para bajar nos cogíamos a las barras de arriba en la cárcel y levitábamos durante unos instantes. Cómo me gustaba aquello. Contemplé las extraordinarias vistas de las que se gozaban en el vértice del barco: se veía la feria entera y la ciudad un poco más allá, en una danza de música, luces de colores y una extraña tranquilidad de la que se gozaba justo cuando el sol ya se escondía tras el río. Quedé como en trance, lejos de donde estaba. Sentí una paz casi total y creí ser, por unos instantes, la única persona en todo el mundo. Imaginé ser un pájaro que contempla la tierra, ajeno a lo que ocurre en ella. Imaginé ser el viento, recorriendo cada rincón de la feria, llevando las risas y el olor a gofre recién hecho a cualquier parte. También imaginé ser las luces de colores, transmitiendo mil y una sensaciones distintas. Pero todo eso acabó.

Todo eso acabó...

Porque vi a Lisbeth con su increíble vestido rosa.

Porque Sam estaba paseando a su lado.

Porque la besó como nadie me besaría a mí nunca.


Con cariño, Jackeline.


P.D.: ...



















¡Hola pesimistas!

Sobre lo de las imágenes que no sabía si ponerlas o no, en la encuesta la mayoría de los votantes (yo incluída) habéis votado que suba fotos a lo anime. Así sea.

Puede que en algún momento veáis que no son los mismos personajes, tranquil@s, es porque no he podido encontrar el nombre del anime. Hace unos días encontré la siguiente imagen (Que aparecerá en el siguiente día del diario de Jackeline)

Si sabéis el nombre del anime POR FAVOR!! me haríais muuuy feliz diciéndomelo... Os estaría eternamente agradecidísima.


Pues eso era lo que quería decrios. Espero que os guste esta mejora y algo sobre lo que dos de mis seguidoras me han dicho... Lo de que tardo mucho en colgar las entradas. Lo siento, con el insti voy muuuy liada, y para colmar el vaso soy la persona más despistada y olvidadiza que hay en el mundo. -_-

Perdón.

Hasta aquí todo. Besos y Hasta Dentro De Muchas Canciones.






P.D.: Podría ser peor, ¿no?

¡Premio Best Blog!

Hola, pesimistas. De nuevo haré un paréntesis en la historia de Jackeline porque me han nominado desde el blog Be Free! con el premio Best Blog. Gracias, Kiara!! :D


Ahora me toca responder a una preguntillas...

¿Qué te gusta más cocinar: postres o platos de cuchara?
Postres, desde luego, mientras lleven chocolate.

¿Qué es lo más importante para ti en una persona: la personalidad o el físico?
La personalidad. Sin ella es como tener el emboltorio de un regalo vacío.

¿Desde cuándo empezaste con el blog o la página?
Desde el 5 de Octubre del 2012. Es un blog muy joven.

 ¿Quién fue la persona que te inspiró para empezar en este mundo?
Aunque suene egocéntrico fui yo misma. Tenía muchas cosas en la cabeza y mucho tiempo libre para expresarlas.

¿Sueles seguir muchos blogs o te llegan los seguidores por otras personas que te han conocido?
Suelo seguir más blogs, pero me gustaría que la gente también me siguiese.

¿Qué te gusta más: cocinar o que te cocinen?
Mmmm, qué dificil... Pero que me concinen mejor ^^

¿Comes en casa o en el trabajo?
En casa.

¿Sueles hacer recetas de verduras?
Aunque suene infantil, mientras sea yo quien cocine jamás haré verduras. Las odio.

¿Cuál es tu mejor receta?
Coockieeeeees siempre!!

¿Qué es lo que pides a una persona para que sea tu amiga?
Confidencialidad, lealtad, que no mienta, locura y, sobre todo, que quiera gobernar el universo conmigo. (¿He dicho eso en voz alta?)

¿Cuál es la mejor película que has visto?
Puf... Hay muchas. Orgullo y Prejuicio, Avatar, Tranporter, las sagas de Marvel y DC Cómics... Y así podría seguir hasta poder escribir un libro.

Respondidas las preguntas, aquí van mis nominados (Redoble de tambores)

La chica que tocaba el piano
Rodeada de mentiras
Un adolescente perdido
Eres mi todo, Yuki.

¡Muchas gracias por la nominación!

Hasta Dentro de Muchas Canciones, Krh.