♫Music♫

Bienvenido, pesimista!

Espero que salgas de aquí satisfech@ al leer las desventuras de Jackeline, la desgraciada protagonista de este blog.

Hasta Dentro de Muchas Canciones, Krh.

¡Premio!

Bueno, hoy voy a hacer un paréntesis en la historia de Jackeline, para decir que me han otorgado un premio desde el blog Be Free!, de Kiara. Muchisimas gracias por nominarme ^^!


Ahora tengo que responder a un par de preguntas...
1.¿Te gusta el deporte? Si, me encanta. De hecho, para ser una chica, se me da bastante bien jugar al fútbol. Es mi deporte favorito.
2.¿Cuál es tu hobby? Escribir, leer y tocar mi teclado.
3.¿De que color son tus ojos? Castaños oscuros, muy oscuros.
4.¿Cómo es tu cabello? Castaño, también muy oscuro.
5.¿Eres zurda o diestra? Diestra, por supuesto.
6.¿Tienes muchos secretos?  Más de los que me gustaría...
 
7.¿Qué nombre le pondrías a tu hijo?Mmmm, no entra dentro de mis planes tener hijos. Prefiero la soltería xD
8.¿Quisieras besar apasionadamente a alguien? A los chicos de mis historias cuando los veo en la realidad...
9.¿Te arrepientes de algo? De nada, si no no sería yo misma.
 
10.¿Tocas instrumentos musicales? Citado anteriormente, mi teclado, aunque también pasa por piano. En una banda que hemos medio montado unos amigos soy vocalista, ¿eso cuenta?
11.¿Tú película favorita? Orgullo y prejuicio.
12.¿Extrañas mucho a alguien? A mi familia, dispersada por el mundo.
Ahora, mis nominad@s para contestar estas preguntas son...:

- Ana,   por:   http://eresmitodoyuki.blogspot.com.es/

- Eriko,   por:  http://sentimientosdeunadolescenteperdido.blogspot.com.es/
 

¡Gracias por la nominación!


Quinto día: Un corazón roto... III

No pude evitar que un fuego interno se apoderase de mi ser mientras el abrazó duraba y duraba. Noté su preocupación. Me abrazaba fuertemente, como temiendo que fuese a desaparecer en cualquier momento. Me aparté, sorprendida de mi reacción ante tal muestra de, ¿sentimientos?

'No, no puede ser. Eso debe de ser un error, si, seguro que sera eso. Alguien se ha traido algo que no se debía de traer y Sam lo habrá tomado. Por eso está así...', pensé, con el corazón a mil por hora.

Se separó de mí bruscamente, me miró a la cara y me sujetó por los hombros unos eternos instantes mientras me miraba de una forma indescriptible. Después salió fuera de la habitación y gritó:

-¡Chicos, la he encontrado! ¡Está aquí!

Después comprendí lo que acababa de suceder: había estado desaparecida demasiado tiempo y la gente, por insólito que pareciese, había notado mi ausencia. En seguida se habrían puesto a buscarme y, al no encontrarme en el gran salón ni en la planta baja, se habrían dirigido a las distintas partes del caserón.

Pero yo seguía sin entender la reacción de Sam al encontrarme. ¿No se suponía que yo le odiaba? ¿No era mutuo el sentimiento?

'Bah, ya pensarás en eso luego, cuando la gente esté más calmada', me dije.

Al empezar a llegar la gente a la habitación Sam se apartó de mí y volvió a ser como antes. Me miraba con fría indiferencia y superioridad, y hablaba con la gente que entraba nueva como si nada importante hubiese sucedido. Eso sí que no me lo esperaba.

'Solo es un buen actor, cuando le conviene serlo', resolvió mi mente en seguida. A gusto con ese pensamiento, dejé el abrazo de lado.

Cada vez que alguien entraba en la habitación y reparaba en mi presencia, la cara de susto desaparecía, dando lugar a un suspiro de alivio y una vuelta al piso de abajo. Un trabajo menos para ellos. Alguna que otra chica me daba un abrazo o dos besos. Incluso hubo una que lloró cuando me vio y me abrazó.

Al salir toda la gente, Sam me dejó salir primera, como un caballero. Después, en el interminable pasillo, comenzamos a caminar dirección a las escaleras que nos habrían de llevar al sin fin de pasillos, habitaciones y más escaleras hasta la planta baja en un calculado laberinto, a prueba de ladrones.

El silencio reinaba . Nuestras bocas cerradas daban lugar a una incómoda situación. Después de perdernos en habitaciones falsas y llegar al buen camino, Sam se empezó a acercar a mí y me cogió tímidamente de la mano. Yo, confusa, la solté bruscamente y le dije:

-¿Pero qué crees que haces?

Me miró confuso y me dijo, con una sonrisa:

-¿No es evidente?

-Mira, Sam- dije, cortante-. Conmigo no se juega. Ya no. Entro en la habitación, te veo llorando mientras me llamas desesperadamente y me das un abrazo, como si tuviésemos esa confianza. Después, cuando empieza a llegar la gente te comportas como si nada fuese más importante que tú, aunque me hubieses encontrado con un brazo cortado. ¿Y ahora me cojes de la mano? ¿Pero tú de que vas?

Noté que mis palabras le hicieron daño y sentí un poco de pena por él.

'No sientas pena. Al fin y al cabo es un niñato cualquiera que se cree que las chicas son de usar y tirar', pensé.

Entonces me miró, como enfadado, y me dijo:

-¡¡Es que no te enteras de nada!! ¡¡Eres el ser más idiota de planeta!!

-¡¿COMO?! ¿Tú eres idiota, o qué? ¡¡Vete a tomar por culo, niñato de mierda!!- dije. Me fui de su lado corriendo (Y llorando, aunque odie admitirlo), pero él me agarró, se quedó mirándome y me dijo con una dulzura que jamás le había visto:

-No entiendes lo que quería decir, me has malinterpretado.

Entonces me acercó a él y me besó dulcemente.



Con cariño, Jackeline.

P.D.: Aunque podría ser peor, ¿no?





Cuarto día: Un corazón roto... II

La música llevaba puesta desde las once y media, y la gente bailando desde las doce. Yo me entretenía echando las fotos que sería previamante subidas a Tuenti, Facebook y derivados.

Me divertía viendo cómo mi hermano me miraba de reojo, cada vez más perplejo. Y Sam estaba a una prudente distancia de mí. Todo estaba tal y como tenía que estar.

Lo único que me gustaba de las fiestas que hacían los amigos de mi hermano era que no había alcohol. Los porqués los desconocía, pero por lo menos no había nadie que tuviese que ir fregando vómitos ni recogiendo los restos de cristal que solían ir apareciendo a lo largo de los botellones tradicionales.

Después de que la batería de la cámara se agotase, salí fuera del enorme caserón de Robert, un ricachón que aprovechaba bien sus recursos, pero sin pasarse. Bastante maduro para tener solo 18 años.

Disfrutar de la brisa nocturna era uno de mis placeres personales, sobretodo si era al lado de un inmenso bosque. La noche sin luna permitía disfrutar de una de las más hermosas vistas no muy disponibles con tantos avances tecnológicos: las estrellas.

Bajé hasta introducirme en el bosque. Me llamaba, lo sentía. Los árboles oscuros y sin hojas eran misteriosos y fascinantes, pero a la vez un paisaje peligroso y macabro. Digno de Tim Burton. En seguida me imaginé estar paseando con Jack Eskeleton, o contemplar cómo, mientras Víctor ensallaba sus votos nupciales, colocaba el anillo en una raíz y Emily salía del suelo, decía 'Sí, quiero' y se llevaba al pobre Víctor al otro mundo.

Pensando en estas cosas mientras caminaba en pijama y chaquetón a lo largo del bosque, llegué a un pequeño claro en el que me tumbé a contemplar las estrellas. Miles de ruidos a mi alrededor. Me puse a pensar que de aquel momento en adelante tendería que madurar y resolver mis propios asuntos por mí misma, como había hecho al enfrentarme a mi hermano.

Miré el móvil, que anunciaba la una y cuarto de la  madrugada. Me levanté, dispuesta a volver a una fiesta en la que yo era una simple observadora. No me atraía mucho aquella idea, pero no había ido solo para observar las estrellas, sino para observar defectos de Sam, aquel chico arrogante y orgulloso que parecía burlarse de cada movimiento que hacía. ¡Cómo lo odiaba!

Al entrar en el gigantesco salón en el que se suponía que teníamos que estar durmiendo, contemplé el vacío de la sala; no había nadie bailando ni riendo, tampoco en los sacos ni en los colchones. La música, apagada, le daba a la estancia un toque de reciente abandono.

Nada.

Empecé a pensar que era todo una broma de mi hermano, pero pronto descubrí que no era así: empecé a escuchar mi nombre en la lejanía, con un tinte de preocupación.

'Jackeline... Jackeline...'

Decidí seguir la llamada.

Comencé a subir las escaleras, después vagué por interminables pasillos con infinitas puertas. No sabía hacia dónde tenía que dirigirme, pues la llamada provenía de varios sitios a la vez. Finalmente, detrás de una puerta en un pasillo del tercer piso, escuché la llamada más fuerte. Entré en la habitación, decidida a descubrir quién estaba dispuesto a gastar mi nombre.

Allí estaba Sam, gritando desde la enorme ventana por la que se colaba una luz dévil y fantasmal, provinente de las estrellas.

Cuando se giró me fijé en las lágrimas que poblaban sus ojos azules.

Se quedó un rato contemplándome, como quien contempla un espejismo. Después comenzó a acercarse lentamente, alzando su mano hacia mí. Estaba como embrujado. Yo, para evitar que tocase mi cara, puse mi mano junto a la suya. En su cara se dibujó una gran sonrisa y, antes de que pudiese apartarme, me abrazó intensamente.

Con cariño, Jackeline.

P.D.: Podría ser peor, ¿no?


NOTA:

Pronto subiré la parte tres de Un corazón roto...

Va a ser largo, ¿vale? Por lo menos cinco partes habrá. Lo siento, pesimistas.

Hasta Dentro De Muchas Canciones, La Autora Krh.






Tercer día: Un corazón roto...

¡Hola, gente!
Prometí contaros el primer desamor de Jackeline y eso haré. Espero que os guste. ¿List@s para sufrir junto con ella?
                                                *                             *                            *

Y pensar que la primera vez que le vi lo odiaba... Cambiaron tantas cosas desde aquel lejano invierno...

Me remonto a aquella época de odio. Nos conocimos en una fiesta que montó uno de los amigos de mi hermano. Yo estaba sentada y apartada de todos, como siempre, mientras observaba cómo todo el mundo se divertía con canciones de las que no había oído hablar pero odiaba. No soportaba las remix, el reaggeton ni estilos así. Yo disfrutaba con la denominada por mí, 'música que no le gusta a nadie': el rock y derivados (Menos el pop-rock)

 Él entró con su chaqueta negra, sus baqueros verdes y el pelo sin rastro alguno de gomina, como si fuese superior a todos. Sam fue el nombre que le dijo un chico al verle. Al cabo de un rato de saludar a todos los que había en la sala fijó sus ojos azules profundos en el sitio del que yo gozaba de una tranquilidad infinita. Se acercó a mí y me dijo:

-Tú debes de ser la hermana de Mickel, ¿no?

-Si.

-Vaya... Te imaginaba más...- se puso a estudiarme meticulosamente con cara de confusión.

-¿Más qué?- dije, a punto de estallarme la cabeza de rabia.

-Nada, déjalo. Al fin y al cabo solo tienes cuántos, ¿11 años? No puedo esperar nada más- dijo, con cara de menosprecio.

Me levanté, muy enfadada, y le dije:

-Primero, tengo 16 años. Segundo, si has venido hasta mí para saludarme me saludas. Si has venido para insultarme te vas a largar de aquí con un tortazo en la mejilla, así que no pongas a prueba mi paciencia, niñato de mierda.

Pareció sorprenderse de mis palabras, pero volvió a adoptar aquella actitud de superioridad:

-Tranqui, nena. No tienes que portarte así conmigo solo por que yo te guste, pero tu no me puedas llegar a gustar jamás.

Mi guantazo se escucharía kilómetros a la redonda. La música seguía sonando pero la gente había parado de bailar. Sus ojos, fijos en mí, solo demostraban asco e indiferencia, una dura y fría indiferencia. Pero hacia él comprensión, cariño e incluso pena. Estaba claro a quién querían los amigos de mi hermano.

Me levanté con una seguridad en mí misma que no sentía para nada. Simplemente cogí mis cosas y volví a mi casa, a 30 escasos minutos de aquella incómoda fiesta. Lostprophets acudieron a la llamada de mis auriculares mientras caminaba, con una rabia digna de Hulk.

La lluvia atendió a mis lágrimas mientras mi cuerpo se refugiaba bajo un portal y mi cerebro pensaba: ''Mierda Jackie, otro más no''.



Once canciones más tarde, la lluvia paró justo lo que tardé en llegar a mi casa y refugiarme en una deliciosa lluvia de agua caliente. Acto seguido me puse a pensar las formas de defenderme de aquel chico. Mi cerebro sopesaba las posibilidades de ataque: ''Conoce a Mickel, podemos pedirle ayuda... Claro que nosotras a él le caemos mal, así que habrá que hacer lo de siempre: investigar desde las sombras sin ser vistas''.
Después de cenar, a eso de las doce menos cuarto, Mickel entró por la puerta, miles de cascadas saliéndole de todos lados.

-Parece que llueve, ¿no?- dije,con una sonrisa e intentando romper un poco el hielo que nos separaba.

-Cállate, estúpida. Por tu culpa estoy así. Si no le hubieses pegado a Sam, ahora mismo su tío me habría traído a casa. Quiero que la próxima vez que le veas le pidas perdón- sentenció. Mi sonrisa se hizo amplia, como la del gato de Alicia.

'A lo mejor le pido perdón', pensé, divertida.

-¿Y vas a ser tú el que me lo ordene? No eres nadie para poder decirme lo que tengo que hacer, cara de pizza.

Después de varios días intentando sonsacarle a mi hermano información de Sam, surgió la oportunidad de investigar por mí misma: habían quedado aquel fin de semana para ir a casa de un chico para pasar la noche y parte del día siguiente. Me atavié con mi querido gas pimienta. Algun@s pensareis que es una exageración, pero si os digo que lo he tenido que usar muchas de las veces que he salido con mucha gente ya no es tanta tontería. (Y todavía lo llevo en el bolso de vez en cuando)

Cuando llegamos, ya estaban todos allí... Menos él. Mi cerebro bullía de actividad antes de llegar, y en cuanto se dio cuenta de que el objetivo y la razón por la que estábamos allí no estaba, todo lo que estaba maquinando se desvaneció, dejando una sola pregunta: ''¿Por qué no está todavía aquí?''

Mi hermano preguntó en lugar de mi cerebro. Le dijeron que vendría pero más tarde, a eso de las diez y media.

''Solo es una hora, ¿qué mas da? Mejor tarde que nunca, ¿no?'', pensé.

Intenté congeniar, con éxito, con algunas de las chicas que habían por allí para dejar caer el tema de Sam. Me miraron con cara de ser una presa que está a punto de morir cuando me preguntaron:

-¿Y para qué quieres tú saber sobre Sam? El otro día dejaste claro lo que pensabas de él.

Mi cerebro encontró una respuesta aceptable para aquellas mentes tan cortas:

-Pues veréis... Yo... En realidad me puse nerviosa... Es que... Sam me gusta... Me gusta mucho...

Sus caras de sorpresa habrían ganado concursos. Sus preguntas salían de sus bocas como balas de una ametralladora. Todas las preguntas querían decir el mismo concepto: Por qué, cuándo y cómo me empezó a gustar.

-Es que es tan guapo... Sus ojos son tan... Profundos...

Todas coincidieron en mis argumentos. Me empezaron a decir cosas sin importancia, formas de comportarse y de actuar delante del chico que te gusta sin llamar la atención, llamar su atención de forma sutil para que esté siempre detrás de ti... Cosas que no me valían en aquel momento. La puerta del salón se abrió y una silueta que me encendió de rabia empezó a saludar a todos los que le daban la mano. Tomé la decisión de ir al baño para no tener que soportar las miradas de todo el mundo en cuanto Sam viniese a saludarme. Sin embargo un brazo que yo conocía bien me sujetó con fuerza y me dijo al oído con desprecio en la voz:

-Si no le pides perdón, juro que esta noche será la peor de tu vida, ¿me oyes, estúpida?

Intenté forcejear, inútilmente. Mi hermano me retuvo a su lado mientras Sam se iba acercando con su estúpida superioridad en la mirada. En cuanto se acercó a mí, todas las chicas me miraban con cara de complicidad mientras mi hermano me asesinaba de mil formas con la mirada.

-Hola, hermana de Mickel. ¿Cómo me dijiste que te llamabas?

-No te lo dije.

-Cierto, que tonto soy. Hoy no me harás nada, ¿verdad?

-Eso depende de ti- dije, desafiante. Sentí cómo mi hermano ahorcaba mi brazo mientras el dolor acudía a la llamada.

-Jackie, ¿no tienes nada que decirle a Sam?- dijo mi hermano, apretando todavía más.

-Oh, ¿tienes algo que decirme, nena?- preguntó Sam, divertido y con esos aires de superioridad.

-Si, tengo algo que decirte. Lo siento...- mi hermano me sonrió malvadamente y aflojó la presa, yo escapé y seguí diciendo-: Siento que seas tan idiota y subnormal. ¿Te crees superior a los demás por tener una cara bonita y un montón de idiotas babeando por tí y oliéndote el culo todo el día? Pues que te quede claro, niñato: yo no te voy a ir oliendo el culo, ni aunque eso me costase la vida. Y tú- añadí, mirando a mi hermano que estaba más perplejo que Sam-: tú me puedes hacer la vida imposible, si te da la gana. Pero este perro empezará a morder dentro de poco como lo sigáis molestando más, ¿te queda claro, cara de pizza? Así que yo de ti me llevaría cuidado de lo que haces.

Acto seguido, continué caminando hacia el aseo cuando la voz de mi hermano procedñia a imponerme órdenes que jaamás seguiría mientras una colleja acudía fuertemente a mi nuca.

-Pues como se te ocurra morderme, recuerda que yo muerdo más fuerte que tú, estúpida criaja.

Me volví, llena de ira, y pillé desprevenido a mi hermano cuando le propiné un buen puntapié en la entrepierna. Me giré, fui al aseo y cuando volví mi hermano estaba retorciéndose de dolor en el suelo. Me acerqué a su oído y le dije:

-Primer mordisco, cara de pizza.

Después de que ayudasen algunos chicos a mi hermano a levantarse me puse el pijama y me puse a escuchar música.

El reloj del móvil anunciaba las once menos veinte de la madrugada.

Con cariño, Jackeline.

P.D.: Podría ser peor, ¿no?



NOTA:

Ya subiré la próxima parte de 'Un corazón roto...'

Espero que no os impacientéis mucho, mis pesimistas.

Hasta Dentro De Muchas Canciones,  La Autora Krh.











Segundo día: del pasado al presente II

Como decía, Katty se parecía a mí: ambas solas en sus particulares mundos, sin amigos de verdad, sin unas alegres vidas de las que poder hablar sin llorar... Pasamos un buen verano, no estábamos solas cuando nos pasaba algo, una podía hablar del tema con total sinceridad, sabiendo que la otra la entendería y la apoyaría. Como aquella hermana que nos gustaría haber tenido pero nunca llegó...

Con el fin del verano, también llegó el adiós tan terriblemente esperado. Cada una volvía a un lugar distinto, una vuelta a una cárcel solitaria de la que creí que me sería muy difícil volver a escapar.

Seguimos hablando por Internet: un mensaje, un comentario, cinco minutos que coincidíamos un día en un chat... Pequeños respiros que hacían la vida menos dolorosa.

Con la interminable espera de que llegase el próximo verano para el reencuentro seguían pasando desgracias. Por lo menos valían la pena el dolor y el aguante para el premio final. Una aburrida y repetitiva rutina de la que vivir cada momento. Pero un día...

... los amigos de mi hermano me llamaron. Yo, confundida y en parte feliz de aquella inesperada sorpresa, volví a ellos sin saber lo que allí me esperaba: una agradable velada repleta de risas, bromas y demás recuerdos de los que valía la pena recordar. Lisbeth, la chica que me hacía sufrir con el chico que me gustaba, habló conmigo sobre lo que me hacía, me pidió disculpas y me prometió ayudarme en lo que fuese necesario para hacerme feliz, incluso dejó de tontear con todos los chicos que iban detrás de ella para estar conmigo. Su promesa dio excelentes resultados, he de añadir. Jamás pensé que se podía vivir así... 

Con la agradable espera, terminé el curso y el verano entró suavemente, como la olas del mar en un día sin viento, junto con los amigos de mi hermano ahora también los míos.

Volví con Katty, a quien yo consideraba una hermana, pero ella no volvió a mí de la misma forma. Se la notaba más decaída, más aburrida, más tímida. Como una extraña con la cara de una conocida. A los días me confesó que había estado hablando, desde que nos despedimos el verano anterior, con uno de los amigos de mi hermano (John), del cual se había enamorado. Yo, sin saber muy bien que hacer, le dije que intentaría ayudarla.

Craso error.

Su enamoramiento me impedía estar con los amigos que había hecho. Cada vez que estábamos hablando todos o jugando a las cartas, ella venía y me separaba del grupo. Al poco tiempo saqué una conclusión que me había estado dando vueltas tantos días: Jonh, el chico que le gustaba, estaba un poco colado por Lisbeth, quien me prometió ayudarme para ser feliz, con la que yo pasaba mucho tiempo. Un día la sorprendí diciéndome:

-¿Por qué pasas tanto tiempo con Lisbeth? ¿No la ves una guarra? Está venga a tontear con él y con todos. Creo lo único que quiere es quitármelo, bla-bla-bla...

Yo, sin palabras, me vi dividida entre dos bandos:

Por un lado estaba la hermana que siempre quise, la que siempre me apoyó el poco tiempo que estuvimos juntas y la que se parecía a mí.

Por otro lado estaba la chica que había cambiado todos sus pretendientes y parte de su forma de ser por la felicidad y amistad de una persona tan insignificante como yo, y que había conseguido darme esa felicidad.

Una decisión que siempre estuvo fuera de mi alcance y que jamás pensé que llamaría a mi puerta: tenía que decidir quién sería mi mejor amiga y quién mi enemiga.

Todas las cartas estaban en la mesa. Una decisión, una semana para decidirlo. Decidí pasar dos días con una y dos con otra.

Dos días con una hermana. Del camping (Porque el escenario es un camping, ya os habíais  imaginado una playita, ¿eee?) a casa de sus primos en el pueblo. Un día de Mario Cart, cartas y baño en el río, y otro día de secretos, tácticas de enamoramiento y ataque al ''enemigo''.

Dos días de risas y paranoias. Que te levanten para despertar a tu hermano a sustos es uno de los despertares más graciosos del mundo: despiertas de golpe con una malévola sonrisa en la cara, sabiendo que lo primero que harás al salir del saco de dormir es molestar y fastidiar a tu hermano mayor (Quienes seáis herman@s pequeñ@s me entenderán). Aunque a él no le pareció tan gracioso. Después de desayunar, a jugar a lo bestia a las cartas y al fútbol. Huir de los amigos y jugar al escondite entre un montón de tiendas mientras las personas que están desayunando te miran con cara de estar locas. Irse al río y que cada momento sea una gran carcajada. Después de volver del río y comer, una guerra de agua en los lavaderos del camping (Falta decir que el agua de Cuenca es especialmente fresquita)

Creo que intuís a cual de las dos elegí. 

Me di cuenta de que Katty era solo un apoyo: solo para llorarle las penas y que ella me las llorase a mí. No había más, aunque había momentos en los que lo pasábamos bien ahí acababa todo.

Sin embargo Lisbeth era eso y más. Lisbeth me hacía sentir yo misma. Podía hacer lo que fuese, cualquier tontería, que ella no me acallaba, sino que me animaba y nos reíamos juntas. Con ella podía ser feliz. Y detrás de ella todos los demás amigos entraban en el lote, así que por fin algo bueno tenía que salir de todo esto.

Con cariño, Jackeline.

P.D.: Podría ser peor, ¿no?


NOTA:

Seguramente os preguntéis: Si esto es el diario de una pesimista, ¿qué hace la Autora poniéndole a Jackeline un final alegre?

Pues vereis, que en la vida haya cosas buenas, no significa que a la primera de cambio ya te vaya a ir la vida de color rojo (Digo lo de rojo porque el rosa es un color que odio). Siempre irán saliendo cosas negativas de  todo lo que haga la gente. Pero, ¡oye!, me puedo equivocar, esto solo es una historia inventada por alguien que se aburría y tenía mucho en lo que pensar, ¿e?

En el próximo día escribiré el primer desamor de Jakeline, preparaos para llorar (En caso de l@s sensibles)


Hasta Dentro de Muchas Canciones, La Autora Krh.



Primer día: del pasado al presente.

¡Hola, lectores!

Soy Jackeline, la protagonista de esta serie de desgracias. Mi vida no me ha tratado bien, aunque a penas he vivido nada...

La pregunta es, ¿por dónde empiezo? Hay tantas cosas negativas que podría poner... Claro que no quiero aburriros con mis historias, solo alegraros de que hay vidas peores que las vuestras. Todo empezó...

                                                     *                *               *

...cuando tenía 8 años. Yo era una niña bastante tímida y retraída, por lo que me costaba socializar con los niños de mi edad. Pero un día hice amigos con los que salía, jugaba y esas cosas. Lo malo era que ellos no eran amigos míos, solo salían conmigo para burlarse de mí (Todavía sigo sin saber de que se reían) e insultarme a mis espaldas. Los niños de hoy en día no tienen la pureza y la inocencia que deberían tener. Para lo pequeña que era, tenía un concepto muy maduro de la vida, por lo que entendía lo que hacían y por qué lo hacían, y me dolía, sin embargo yo seguía saliendo con ellos porque no me gustaba estar sola, así una parte de la culpa fue mía.

Después de un tiempo (Un año) aguantando burlas, insultos y derivados comenzó la tortura psicológica. Me decían cosas que no se las desearía ni a mi más odiada persona en el mundo. Algunas de las cosas que me decían las conseguí olvidar, otras quedarán para mis pesadillas y para los momentos de depresión. Por fin, un día decidí que ''mejor sola que mal acompañada'', por lo que ellos se quedaron sin poder meterse conmigo. Tuve un ''Período de Paz'' (Menos en los recreos, en los cambios de clase y en la salida del colegio)

Un año después, a los 10 años, me empezó a gustar un chico de mi colegio. Uno de los errores más grandes de mi vida fue contárselo a una chica de mi clase, me pareció buena y confiable. Una semana después ya estaban volviendo a meterse conmigo, una y otra vez, una y otra vez. Por supuesto ese chico se enteró de que él a mí me gustaba, por lo que cuando yo me acercaba me insultaba y me pegaba y sus amigos se reían de mí. Era raro el día que no volvía con moretones y lágrimas a casa. Mis padres no lo sabían. Temía que si se lo contaba ellos hablarían con el colegio, castigaría a los chicos que me acosaban y, terminado el castigo, todo volvería más fuerte. Un secreto dolorosamente guardado desde aquellos tiempos, hasta que, cuatro años después, tuve un año de paz, pero paz de verdad.

En ese período de paz, con 14 años, conocí mucha gente por parte de mi hermano, lo malo es que él odiaba que hiciese tan buenas migas con ellos. En el fondo creo que no lo hizo con mala intención. Pero aún así también me quedaba sola: las pocas veces que salían nadie me decía nada, y cuando me enteraba ya habían pasado semanas, incluso meses. Y que no falte nombrar que los compañeros de clase seguían acosándome.

Una dura etapa.

Después de medio arreglar las cosas con los amigos de mi hermano, el chico que me gustaba (Otro chico, no el mismo que antes he nombrado) empezó a salir con nosotros... Lo malo fue que, primero: no era, ni es, ni será correspondido; y segundo: las chicas del grupito se enteraron.

Había una chica especialmente guapa en el grupito, Lisbeth chica que dijo ser en un principio mi mejor amiga, con el royo de que me quería mucho y esas cosas, por lo que todo lo que tuviese pito se le pegaba al culo, y el chico que me gustaba no era una excepción. ¿Lo malo? Ella sabía que él a mí me gustaba, por lo que delante de mí no paraba de tontear y coquetear con él (Coloquialmente llamado ''zorrear''), por lo que él encantado de la vida, le seguía el juego, ya me entendéis...

Volví a tomar la decisión de ''mejor sola que mal acompañada'', por lo que dejé de salir con ellos y de pensar en cuando salían, dónde iban, y qué hacían, aunque en el fondo me seguía doliendo que se hubiesen olvidado de mí tan pronto. Al parecer fui un pequeño verso en sus vidas, a penas una palabra.

Pero un día de verano conocí a una chica (Katty) en una situación vagamente parecida a la mía, congeniamos muy bien y durante un tiempo hasta la llegué a considerar mi mejor amiga... Pero, como dice la ley de Murphy (Creo que todos la conocéis): Si algo puede salir mal, ten por seguro que saldrá mal...

Aquí despido este capítulo, ya seguiré escribiendo la continuación de mi penosa existencia.

Con cariño, Jackeline.

P.D.: Podría ser peor, ¿no?