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Bienvenido, pesimista!

Espero que salgas de aquí satisfech@ al leer las desventuras de Jackeline, la desgraciada protagonista de este blog.

Hasta Dentro de Muchas Canciones, Krh.

Séptimo día: Un corazón roto... V

Cuando me acosté me parecía conocer a Lisbeth como si fuese mi hermana. Era muy alegre y simpática. Pero sobretodo, sabía escuchar. Y sus consejos parecían prácticos y buenos.

Dormí del tirón y soñé con el bosque que me rodeaba, lleno de hadas, doncellas en apuros, sus héroes, y yo contaba su historia, decidiendo su destino, cuál sería su próximo paso en sus vidas... Pero un brazo me agitaba nerviosamente mientras me decía:

-¡Venga, levanta dormilona!- dijo Lisbeth desde su saco de dormir con mucha energía.

Medio dormida todavía miré por la ventana y me fijé que el sol a penas acababa de salir. Me giré con cara de '¿En serio?' a Lisbeth. Ella reía maliciosamente.

-Pero si son todavía las seis o por ahí, ¿para qué quieres que me levante?

-Es que he visto que alguien se ha acercado a tu saco y te ha dejado algo. Pero no he podido ver quién era ni qué te ha dejado porque tenía mucho sueño. Lo tienes bajo la almohada.

Me retorcí hasta dar con una hoja de papel que rezaba:

''Jackeline:

Siento si lo que hice estuvo mal, si te ofendió o te dolió. Se que al principio me porté mal contigo y que te he faltado al respeto en varias ocasiones...

Pero no puedo dejar de pensar en ti. Ya se que suena absurdo, estúpido. Y que solo nos hemos visto en una ocasión, pero me siento raro. Cuando me diste aquella bofetada he de aceptar que me sentí mal y que me dolió lo que te dije, porque eres totalmente lo contrario...

Ahora pensarás que estoy intentando quedarme contigo, pero no es verdad... Aunque me da igual, ya has dejado claro que no te gusto y que pasará mucho tiempo para que puedas llegar a enamorarte de alguien como yo...

Con amor, Sam...''

Ya no sabía qué pensar de aquello... No era posible que alguien se enamorase una persona si solo la había visto una vez.

'¡Vah! Déjalo para otro momento. Ahora vamos a disfrutar de estar con Lisbeth y de gastarles bromas a nuestras enemigas... Seguro que si se enterasen de lo que pasó con Sam nos asesinarían sin pensarlo...', pensé mientras reía.

-¿Y bien? -preguntó Lisbeth, curiosa-. ¿Quién es el admirador secreto?

-Es una carta de amenazas de mi hermano -mentí-. Dice que cuando lleguemos a casa se lo soltará todo a mis padres.¡Vah! Que haga lo que quiera, porque lo que hice me sentó bien, y nada ni nadie me impediría volver a hacerlo.

-¿Tienes sueño?

-Pff... Después de que me  hayas despertado, retorcerme hasta la carta, leerla... ¿Quieres dar un paseo matutino por el bosque?

Pareció que se lo pensaba mientras miraba por la ventana con cara de sueño.

-No. Me temo que yo sí podría volver a dormir. Si quieres vete a andar, y a eso de las... ¿Qué hora es? -. Cogió su móvil y miró la hora- Las seis y media. Mmmm... Pues no sé que hacer... Mira: vete a andar mientras yo pienso. A eso de las...

-¿Quieres que me vaya a desayunar mientras tú duermes un poco? Cuando vuelva te despierto y, si quieres, nos vamos a andar.

-Hecho, ¿pero la hora...?

-Deja la hora. ¿Que más da? Tardaré en desayunar lo que tarde, no te preocupes por el tiempo. Tú sólo duérmete.

-Está bien -dijo mientras bostezaba. Se metió en el saco y se durmió.

'Muy bien, Jackie. Ahora a desayunar. Procura no ensuciar mucho'.

Me puse mi forro, mis zapatillas con pelo por dentro y caminé unos dos minutos hasta que, tras pasar por varias habitaciones, llegué a la cocina. Era más pequeña de lo que me había imaginado.

Abrí la nevera, en una expedición gastronómica en busca de un delicioso bocado con el que llenar mi estómago. Me decidí por lo más rico y básico: unos crepes con Nutella.

Mientras hacía la masa y esperaba a que calentase la sartén, pensé que a los demás también les gustaría provarlos, por lo que hice masa suficiente para aproximadamente veinte o más personas.

Una hora y media más tarde ya estaba todo listo: veintiséis platos, con cuatro crepes cada uno. Pero me faltaban algunos ingredientes. No había Nutella suficiente para todos. Busqué entre los mil armarios que había hasta dar con una puerta pequeña y marrón en la que habían muchos dulces: bombones, mazapanes, turrones, una Caja Roja de Cuétara... Pero con eso yo no podía hacer nada... Hasta que lo vi: Chocolate Nestlé postres, tres tabletas con una preciosa tarjeta en la que ponía:

'Para que hagáis lo que queráis, cariño. Di a tus amigos que pueden comérsela si quieren.

Besos, mamá'

Mi cara se iluminó de alegría mientras mis manos ya sujetaban las tabletas: iba a hacer la mejor fondue de chocolate del mundo.

Partí el chocolate en trozos pequeños, los metí en varios cuencos y los puse a calentar uno por uno en el microondas. Al ir saliendo derretido lo mezclé con leche de soja, por si alguien era alérgico a la lactosa, para que quedase más cremoso, y con un chorrito de Brandy ya estaba todo terminado.

Miré el reloj que había en la nevera: las nueve.

'¡He estado dos horas y media haciendo el desayuno para todos!'.

Me quité el delantal, me lavé las manos y fui al salón a despertar a Lisbeth.

-Chss. Lisbeth, despierta. Ya son las nueve -dije susurrando para no despertar a nadie.

Bostezó sonoramente mientras alguien exclamaba:

-¡Que bien huele a chocolate!

Todo el mundo despertó por el grito mientras olisqueaban el aire. Todos comenzaron a exclamar y a levantarse, sorprendidos por el delicioso aroma que flotaba en el aire.

Lisbeth me miró sorprendida mientras una sonrisa de complicidad nacía en su cara. Yo, ataviada con la misma mueca, asentí y con un gesto la invité a la cocina para desayunar.

Cuando entró en la cocina, se le iluminó la cara al ver toda la obra que mis manos habían creado.

Al entrar la gente que faltaba, Lisbeth exclamó:

-Pensaba que solo ibas a hacer un desayuno para ti sola... Pero, el fin... ¡Gracias!

La gente se quedó mirándome y acto seguido comenzaron a abrazarme y sonreírme mientras se sentaban en la mesa y atacaban gustosamente sus respectivos platos.

Lisbeth me indicó que me sentase a su lado. Comencé a rellenar mis cuatro crepes correspondientes cuando Sam apareció por la puerta, con ojeras y los ojos llorosos.

Las chicas de las que me había hablado Lisbeth tenían un hueco para que Sam se sentase entre ellas. Con cara de tontas, sonrieron y dijeron:

-Sam, siéntate aquí.

Él, reticente a esa idea, las ignoró y, cogiendo la silla y su plato se sentó en un hueco que había a mi lado. Me miró, sonrojado, y me dijo:

-Buenos días. ¿Has leído la nota?

Sin apartar la mirada de mi plato contesté:

-Sí.

-¿Y...?

Escogí las palabras cuidadosamente mientras miraba con deliciosa malicia a las dos chicas que iban detrás de Sam y contestaba:

-¿Qué quieres que te diga? ¿Que lo siento? ¿Que no debí haberte pegado? Estaría mintiéndote -. Me miró, incrédulo y añadí-: Tendrías que haber hablado antes conmigo. O disculparte, no haber dado lugar a que sucediese.

-No pude evitarlo. Algo me decía que tenía que hacerlo ahora o nunca.

-Eso no es escusa. Los impulsos están para controlarlos, no para que ellos te controlen a ti. Son pruebas que nos ayudan a mejorar y aprender.

-Pues he de decir que ha sido el mejor impulso de mi vida, y que me alegro de no haberlo controlado.

Me empecé a poner roja mientras mi boca dibujaba una sonrisa que no percibió nadie. Al darme cuenta la borré y me reprimí por haberlo hecho. Aquello no tenía gracia.

Miré a Lisbeth, que estaba con la oreja pegada en la conversación entre Sam y yo. Me miraba interrogante, esperando algún tipo de explicación. Opté por salir de allí. Terminé de desayunar, fui a vestirme y salí por el bosque, que ya no era tan fascinante como había sido por la noche.

'Es increíble. ¿No se va a cansar nunca?'.

Caminé y caminé, hasta que comencé a escuchar el ruido de un arrollo en la lejanía. Me adentré, guiada por aquel sonido hasta llegar a un pequeño y hermoso estanque. Si no hubiese sido por el pequeñisimo chorro que había en uno de los laterales jamas habría pensado que en aquel lugar hubiese agua por la claridad y la tranquilidad de ésta. Algunos de sus habitantes saltaron al agua al verme.

Había una pequeña roca al lado del chorro de agua en la que me senté a pensar. Tenía que solucionar del todo las cosas con Sam y dejarle claro que el jamás llegaría a gustarme. Pero, sin embargo, en el fondo de mi ser había una parte cálida y profunda que deseaba a Sam.

'Ojalá no me hubiese dado aquel beso', pensé, con lágrimas en los ojos. 'Él no me conviene para nada. Seguro que, aunque estuviésemos juntos me dejaría plantada por la primera chica que viese'.

Me sequé las lágrimas, me levanté de la roca y me dispuse a volver. Justo a mitad del camino escuché unos pasos a mi espalda. Pero cuando me di la vuelta no había nadie. Me quedé unos instantes auscultando cada sombra, cada lugar del que salía un ruido, esperando que alguien o algo saliese de su escondite. Nada.

Al volverme topé con el cuerpo de alguien. Sorprendida, me eché un paso atrás instintivamente hasta que mis ojos toparon con los suyos. Azules e intensos, me miraban con tristeza. Sam habló primero:

-Jackeline... -comenzó, pero se calló, pensando con cuidado las palabras que iba a decir-. Lo siento mucho. Te pido perdón, y solo espero que podamos ser amigos.

Sorprendida por aquella señal de rendición, me acerqué un poco más a él y le dije:

-¿Y ese cambio? Qué pasa, ¿ya hay otra chica? -. En seguida me arrepentí de haber dicho esas palabras. Bajé la cabeza y seguí andando.

-¿Así que es por eso? Tienes celos de que te deje por la primera chica que vea, ¿verdad?

Paré de caminar en seco. Había dado justo en el clavo.

Él se puso frente a mi y me cojió por los hombros. Me estremecí a su contacto. Me obligó a mirarle a la cara. Por mis ojos seguían corriendo lágrimas, pero de rabia.

-No tienes que preocuparte por eso, Jackeline. He... He cambiado. Ya no soy así, aunque me comporte como un creído y a veces me guste que algunas chicas tonteen conmigo ya no soy así -. Secó mis lágrimas con la mano dulcemente mientras añadía-: Por favor. Dame una oportunidad. ¿Me la darás, haciéndome la persona más feliz del mundo?

Sopesé con cuidado la situación. Intenté poner la sangre y la mente frías, pero me sorprendí al encontrarme con una barrera que me impedía hacerlo.

'No caigas, Jackie. No, no lo hagas. Te arrepentirás de esto'.

-Está bien. Pero solo una oportunidad.

Sus labios se posaron en los míos y nos fundimos en un largo abrazo.

Tendría que haber escuchado lo que mi conciencia me dictaba. Mi corazón se rompería en mil pedazos y por mi culpa. Fue el peor error de mi vida.


Con cariño, Jackeline.

P.D.: ¿Se puede morir de felicidad?









Sexto día: Un corazón roto... IV

Me quedé pálida e incapaz de moverme, como una estatua de mármol. No sabía cómo reaccionar, había ido tan rápido...

Él me miró con una gran sonrisa y me dijo:

-¿A que no te lo esperabas?

Yo, en shock y confusa, le di una sonora bofetada y me fui corriendo mientras él se quedaba tras de mí, con una mezcla de tristeza, sorpresa y decepción en la mirada. Fue llegar al segundo piso y esconderme en una de las habitaciones para meditar en lo que acababa de suceder. Pero en mi mente había un solo pensamiento:

'Me ha besado. Sam me ha besado, y lo peor de todo, me ha gustado', pensé, atónita todavía y con el corazón golpeándome en las sienes. 'No, no voy a caer en la primera de cambio. ¿Qué pasa, Jackie? ¿Te vas a rendir al primero que te coja de la mano, o te abrace? ¿Tan débil eres? No. Recuerda, Jackeline: mente y sangre frías. Solo lo hace para creerse que puede tener a todas las chicas que quiera. ¿Vas a hacer que se lo siga creyendo? No, Jackie, no. A partir de ahora lo tratarás como la peor de las basuras' decidí.

Haría como si no hubiese pasado nada. Sería de hielo. No dejaría me volviese a suceder otra situación parecida ni daría pie a que me pasase.

Me puse normal y proseguí, sola, el camino hacia el salón, lugar en el que me dormiría y no me despertaría nunca más.

Salí de la habitación, mirando a un lado y a otro del pasillo para comprobar que no había nadie más. Con una frialdad que estaba lejos de sentir, bajé las escaleras y recorrí las estancias restantes hasta llegar al salón en el que, sorprendentemente, casi todos dormían. Algunas chicas que antes me habían abrazado habían cogido mis cosas y las habían puesto a su lado, como especie de aceptación en el grupo de amigas.

Una de ellas, rubia con los ojos verdes y el pelo rizado, seguía despierta escuchando música. Al verme, me recibió con una gran sonrisa, y mientras se quitaba los auriculares me dijo:

-Vaya susto nos has metido a todos, ¿e?

-Si. Lo siento.

-No te preocupes. Todos necesitamos estar solos sin que nadie nos moleste, y creo que después de lo que te ha pasado con tu hermano lo necesitabas de verdad.

Sonreí, agradecida de que no se pusiese en plan ''hacerme sentir culpable''.

Abrí mi saco de dormir mientras ella hacía lo mismo. Me miraba como un gato, curiosa y divertida. Incómoda de que me mirase así todo el rato le dije:

-¿Te pasa algo conmigo?

-Es que no me creo eso de que te gusta Sam- dijo, con una risita. Después añadió-. Es obvio que lo odias, y no te culpo por ello. Un chico tiene que tener algo más que una cara bonita para que merezca la pena, y no te veo cara de la típica chica que se tira a lo primero que se le pone delante de los ojos.

Me sorprendió enormemente aquel razonamiento. Había encontrado un ápice de inteligencia entre tanta ignorancia.

-¿En serio lo crees?

Su boca se tornó en una gran sonrisa. Rió agradablemente.

-Si, aunque yo me doy cuenta de estas cosas mucho antes que las demás. Por cierto, como sigas con eso de que Sam te gusta, se de dos chicas que harían lo que fuera para quitarte de su camino hacia él. Te ven como una amenaza.

-¿Una amenaza?- pregunté, incrédula y riéndome. La miré y vi que no mentía-: ¿En serio?

-Si. Y yo de ti llevaría cuidado: prometieron hacerte lo que fuese necesario para alejarte de él- y añadió, con énfasis-. Lo que fuese necesario.

-¿Ellas están aquí?- dije, en un susurro solo para que ella lo escuchase.

-Sí. Son las chicas que están sentadas en las escaleras. Las que están haciéndose fotos.

En aquel lugar dos pares de ojos me observaban mientras se hacían mutuas confesiones. Parecían catalogarme para estudiarme y, posteriormente, atacar.

Una risa se apoderó de mí al ver a mis 'enemigas'. La chica que estaba conmigo también se rio. Era evidente que aquella situación me iba a gustar mucho.

-Por cierto, me llamo Jackeline, ¿y tú?

Me miró dulcemente, como a una hermana pequeña y me  respondió:

-Me llamo Lisbeth, y vamos a ser grandes amigas.


Con cariño, Jackeline.

P.D.: Aunque podría ser peor, ¿no?