♫Music♫

Bienvenido, pesimista!

Espero que salgas de aquí satisfech@ al leer las desventuras de Jackeline, la desgraciada protagonista de este blog.

Hasta Dentro de Muchas Canciones, Krh.

Octavo día: Un corazón roto... VI

-¡AAH! -grité, con el corazón en la garganta.

El sueño había sido muy intenso, casi como si hubiese sido real; Sam y yo paseando, él agarrado a mi cintura. Sam susurrándome palabras cariñosas al oído. Sam deteniéndose, acariciando mi mejilla dulcemente, acostados en un pequeño claro al atardecer, posando sus dulces labios en los míos, recorriendo mi cuerpo con sus manos firmes. Pero entonces se había puesto a dar rítmicos golpes tras los cuales una guitarra había empezado a sonar, una melodía que conocía muy bien.

Entonces todo se había desvanecido y lo único que había alrededor era mi oscura habitación, fría como una cueva, mientras Brian Johnson daba comienzo a una de las mejores canciones que jamás he conocido.

Apagué la alarma y fui al baño. Mientras me duchaba, dejando que el agua caliente me recorriese con su delicioso abrazo, sonreí. Desde que Sam había declarado que éramos novios me sentía flotando en una nube de felicidad perpetua que, yo pensaba, nadie podría destruir.

¿Lo mejor de todo? Sam me visitaba siempre que podía y salíamos a pasear o a comer. Le veía un promedio de tres o cuatro veces a la semana (algo que ambos considerábamos insuficiente).

Y la situación fue mejorando. Tener a Sam a mi lado era reconfortante, una gran fuente de alivio. Actuaba como un amigo, como un novio, como todo lo que siempre había necesitado, y nunca me obligaba a hacer nada en contra de mi voluntad. Pero una noche en casa de Robert, en la misma casa que cuando Sam me besó por primera vez, las dos chicas que iban tras él cogieron mi champú personal y vertieron un potente baño de color naranja chillón. Cuando me sequé el pelo y descubrí el desastre hice lo único que podía hacer: devolvérsela.

Al día siguiente amanecieron entre gritos de horror al descubrir mi extraordinaria e inolvidable venganza: la miel que había untado en su pelo unas horas antes del amanecer había atraído a unos visitantes no deseados: hormigas. Antes de ponerles la miel me tomé la molestia de rociarles en la cara, cuello y piel al descubierto con un potente veneno contra insectos, no dañino para ellas. Ese día Sam nos cogió a mí y a las dos chicas que iban detrás de él y, agarrándome por la cintura, les dijo:

-Que os quede clarito a las dos: ella es y siempre será la única dueña de mi corazón, y vosotras jamás podréis hacer nada por evitarlo, ¿vale? -. Me miró intensamente y me besó-. La próxima vez que os pille intentando algo no seré tan considerado como Jackeline -sentenció con un tono con el que jamás le había escuchado hablar.

Ellas, encendidas y a punto de explotar, se fueron cabizbajas y no las volvimos a ver en un mes y medio. Cuando volvieron afirmaron haber perdido todo sentimiento hacia Sam, aunque más de una vez las pillé viendo fotos suyas y hablando de él y de cómo se desharían de mí.

Sus amenazas nunca llegaron a realizarse.

El segundo trimestre terminó con alegrías por los empollones que aprobaban y disgustos por los que suspendían. (Yo siempre estuve y estaré en el segundo grupo)

Pero había un problema mayor que los suspensos: Sam y yo habíamos caído en la aburrida y pesada rutina. Siempre que venía a mi casa (o me iba a la suya) nos dábamos un beso, hablábamos de lo que habíamos hecho en el tiempo en el que no nos habíamos visto y, tras la comida, salíamos a dar una vuelta por donde fuese. Así iba la cosa. Siempre lo mismo, las mismas frases, los mismos paseos silenciosos cogidos de la mano pero con la mente lejos, muy lejos de allá donde estuviésemos.

Un día, tras la primera semana de vacaciones, decidí hablar con Sam sobre lo que estaba pasando.

-Tienes razón. Yo también lo he notado y, la verdad, no sé lo que hacer. Creo que nos hemos apagado.

Con dolor tuve que reconocer que lo que decía era la pura verdad. En seguida comencé a sacar mil y un problemas por lo que fuese que estábamos así y no tardé en imaginar las desastrosas consecuencias de ello.

-¿Crees que... tendríamos que dejarlo? -pregunté, con lágrimas en los ojos.

Sam se sorprendió por mi pregunta, por lo que se acercó a mí y me abrazó.

-Eso no va a pasar nunca, Jackie. Que estemos en un período en el que no sintamos lo mismo que al principio no significa que tengamos que dejarlo -. Me obligó a mirarle a los ojos-: Créeme. Hay cosas mucho peores por las que cortar con alguien.



Comenzó a relatarme sus antiguos noviazgos y de las causas por las que había cortado, desde infidelidad hasta viajes a vivir al extranjero. En total cuatro.

En un momento de valor y confianza le conté todos mis problemas, mis miedos, complejos e incluso manías. En una tarde me abrí a él como no lo había hecho nunca con nadie, ni siquiera con mi madre. Él hizo lo mismo. Llegamos a conocernos como si hubiésemos vivido la vida del otro.

Entonces se hicieron las doce y media.

-Bueno, yo debería de irme a mi casa. Mi madre estará preocupada.

Sam se levantó y cogió las llaves de su moto.

-Te llevo.

Al bajar las escaleras me encontré con la hermana de Sam, Katherine. Me encantaba. Con siete años hablaba como una persona mayor. Era muy abierta y alegre. Tenía el pelo largo y rubio de su padre y los ojos verdes de su madre. Me recordaba a una pequeña versión de Sam. Pero sobretodo tenía la inocencia propia de su edad. Nunca sabré cómo la mantenía pero ahí estaba.

Estaba sentada en el suelo de madera con un cuaderno en suelo y ceras de colores esparcidas a su alrededor. Al verme bajar las escaleras se levantó y me dijo:

-Hola, capitana. ¿Cómo van los vientos y el rumbo entre mi hermano y tú? -soltó con una agradable sonrisa. Miré a Sam y los dos comenzamos a reír. Me llamaba capitana porque mi nombre se parecía al de Jack Sparrow de Los Piratas del Caribe.



-Viento en popa y a toda vela, con rumbo a mi puerto.

-¿Puedo irme contigo? -me dijo con cara de Gato con Botas. Comencé a reír mientras le acariciaba su pelo.

-¡Pero bueno! -dijo la madre de Sam, Anne-. ¿Qué es eso de invitarse a la casa de alguien?

-Tranquila, Anne. No pasa nada. Pero este fin de semana te prometo que tu hermano y yo te llevaremos al parque de atracciones y nos montaremos en el barco vikingo, ¿qué te parece?

Se le iluminó la cara de alegría mientras me daba un fuerte abrazo y me decía:

-¡GRACIAS! -. Entonces miró a Sam con cara de odio y le dijo-: Aprende de ella, hermanito. Así es como se trata a las hermanas menores.

Con el mismo tono de voz que Katherine, Sam le dijo:

-Ten cuidado, Kath, no vaya a ser que alguien te tire por la borda del barco.

-¡MAMÁAAAA! -dijo Katherine, escondiéndose tras de mí.

Anne, aguantándose la risa, les dijo:

-Vale ya, Sam, no le digas eso. Mira que discutir delante de los invitados -. Se pasó la mano por la frente y me dijo-: Así todos los días, no tienen remedio. Pero les quiero mucho -y añadió con un tono de voz un poco triste-, al fin y al cabo son lo único que me queda.

La abracé. Ella comenzó a llorar, y Katherine, preocupada, dijo:

-Mamá, ¿por qué lloras?

Anne, secándose las lágrimas y sonriendo contestó:

-Por nada, cariño, es porque no quiero que Jackeline se vaya tan pronto.

-¡No pasa nada! La volverás a ver el sábado.

-Tienes razón, cariño. Qué tonta soy -dijo con una sonrisa-. Sam, acuesta a tu hermana que es un poco tarde para ella.

-No es tarde para mí. Ya tengo casi ocho años -dijo, indignada.

-Pues si no te acuestas ahora, me parece que el sábado no podrás ir con Jackeline al barco vikingo.

Corrió hacia las escaleras pero antes de tocar el primer escalón corrió hacia mí y, dándome un fuerte abrazo, me dijo:

-Hasta el sábado, hermanita.

-Hasta el sábado.

Me fui a separar de ella, pero me atrajo hasta que su boca quedó en mi oído y me susurró:

-Cuidado con la chica de los ojos verdes. Ella quiere hacerte daño.

Me dio un beso en la mejilla y desapareció al final de las escaleras junto con Sam.

*                              *                              *

Salimos a la calle, montamos en la moto de Sam y llegamos hasta mi casa, la luz que indicaba la tele encendida.

-Adiós, Jackie.

-Adiós.

Nos dimos un abrazo. Sam se sentó en su moto, arrancó y se fue. Yo me quedé en la puerta de mi casa, mirando el lugar por el que se había ido mientras pensaba en lo que habría querido decir Katherine.

-Buenas noches cariño, llegas un poco tarde -dijo mi madre con cansancio.


-Lo siento. Me he olvidado de la hora hablando con Sam -dije, acercándome.

-No pasa nada. Solo me preocupo por ti -. Se quedó mirando con nostalgia la foto de papá que había en el pasillo. Su mente se alejó de allí y se fue muy lejos, al pasado. Pasados unos minutos volvió la la realidad- Lo siento, Jackie. Estaba en otra parte. En la cocina tienes la cena preparada. Me voy a dormir, hoy ha sido un día duro.

Le di un abrazo que me devolvió con gusto. Me miró con los ojos llorosos y se fue sin que me diese tiempo a decirle nada.

Papá murió hacía ya tres años. Se fue al supermercado y, cuando intentó hablar tranquilamente con el atracador éste le disparó y se fue corriendo. Para cuando llegó la ambulancia ya había perdido mucha sangre. No pudimos despedirnos de él.

Una semana después encontraron al asesino de papá. Se había suicidado, pero antes había dejado una nota para nosotros.

''Esta pena me consume. No puedo vivir sabiendo que he matado a alguien inocente. A la familia del hombre, os pido perdón. Es increíble que lo haya hecho. ¿Sabéis lo que me dijo antes de que le disparase? Me cogió del hombro, sonriente, y me dijo: 'Si quieres comida yo te compraré. No hace falta que nadie sea herido. Después sal del supermercado y se feliz con tu familia' Yo no iba a dispararle, lo juro. El guarda sacó una pistola y me sorprendió. Cuando vi lo que había hecho salí corriendo como el cobarde que siempre he sido. Os pido que, con el tiempo, podáis perdonarme''.

Para mamá fue un shock. Ni mi hermano ni yo pudimos hacer nada por ayudarla. Se encerró en sí misma durante un año entero y, pasado ese año, nunca volvió a ser la misma.


Tras cenar me fui a mi habitación, llorando en silencio por el recuerdo de mi padre. Sin él la vida estaba vacía, muy vacía. Ni Mickel ni yo lo habíamos superado. Esa era muchas veces la causa de nuestras peleas. Intentábamos olvidarlo pero, al final siempre volvía su recuerdo con una foto, su comida favorita o una canción de las que solía escuchar. Aquellas torturas no terminaban nunca.

Justo antes de entrar en mi habitación escuché un sollozo provinente de la habitación de mamá. Dudé entre dejar que se desahogase sola, como siempre nos decía que hiciésemos, o darle un abrazo y dejar que se durmiese abrazada a la foto de papá. Cuando fui a entrar el sollozo paró, como si mamá supiese que iba a entrar. Giré el picaporte poco a poco y sin hacer ruido. La luz estaba apagada y mamá estaba, como siempre, destapada con restos de lágrimas sobre sus mejillas y la foto de papá y ella el día de su boda entre los brazos.

Se me partió el corazón y no pude evitar un suspiro acompañado de una lágrima. Arropé a mamá, le di un beso en la frente y dejé la foto de papá a su lado en la mesilla de noche como si estuviese velando sus sueños.

'Necesitamos que vuelvas', pensé. Sabía que eso nunca sería posible pero el decirlo me aliviaba. Había veces en las que me despertaba y pensaba que todo había sido tan solo una mala pesadilla. Pero luego veía los ojos apagados de mamá, el sitio en el que papá solía colgar su abrigo vacío y la realidad volvía a ser amarga y dolorosa.

'Por lo menos tiene a Anne. Se llevan muy bien. Siempre han sido buenas amigas y más ahora'.

La madre de Sam y mi madre siempre estaban juntas. En casi todas las ocasiones se iban a comer a una cafetería que había en una parte apartada de la ciudad. Mamá decía que allí fue donde tanto Anne como ella habían conocido a sus maridos.

-Fue cosa del destino -siempre decía.

Tras meterme en la cama y a punto de dormirme vibró el móvil. Era un mensaje de Sam.

"Jackie, el sábado no voy a poder ir a la feria porque me ha salido un asunto. Llévate a Kath, por favor, le hace mucha ilusión. Lo siento mucho, no puedo dejarlo de lado, es muy importante para mí. Buenas noches, preciosa.

"No pasa nada. Ya nos vemos el miércoles. 
Buenas noches".

Me decepcionó y me extrañó mucho que tuviese que irme sin él. Había insistido tanto en ir que por plasta había tenido que decirle que si. Por lo menos estaría con Katherine. Ella era capaz de hacer que una piedra fuese más divertida que el mejor de los libros de aventuras. Sonreí pensando que el sábado sería mi primera tarde de chicas.

'Que pijo y repipi suena eso de 'Tarde de chicas'. Tendré que llamarlo de otra forma. 'Tarde de risas' suena mucho mejor'.

*        *        *
                                 
Pasaron los días y desperté, la mañana del sábado, a las siete y media. Miré la hora en el móvil y me enfadé con mi reloj biológico, incapaz de dejarme dormir un ratito más.

'¿Por qué no pasa esto cuando tengo instituto?'.

Incapaz de volver a conciliar el sueño me levanté, zombie, y caminé como una autómata hacia el baño. Tras asearme y desayunar fui a mi habitación, dispuesta a aprenderme la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto nazi como si los hubiese vivido.

Dos horas después (en las que había estado decorando el libro de Historia con dibujitos y frases que se me ocurrían) la alarma del reloj dio las doce del medio día. Me tocaba pasar el aspirador por toda la casa y tirar la basura. De repente se me ocurrió hacer algo maravilloso: entrar en la habitación de mi hermano, aún durmiendo, con el aspirador.

Volaron almohadas, zapatos y, no se por qué, un martillo de juguete hacia mí. Encerré a mi hermano, que profería en insultos hacia mi persona, y terminé las tareas de casa.

La una y media.

Mamá llegó de trabajar por el garaje. Se la veía cansada.





-Buenos días, cariño. Ya estoy en casa -dijo, deshaciéndose de su chaqueta y su bolso.

-Buenos días, mamá. ¿Qué tal el trabajo?

-Aburrido, como siempre. La semana que viene tendré que salir del país para asistir a una conferencia en Alemania, me iré el domingo al hotel y de ahí al aeropuerto. Repartíos entre tu hermano y tú las tareas de casa y, sobretodo, no os peleéis, ¿de acuerdo?

-Si, de acuerdo.

Miró a mi hermano que bajaba, zombie, por las escaleras.

-Si, mamá -. Me miró de reojo y me susurró-: ¿Qué pasa?

En el mismo tono le contesté:

-Se tiene que ir a una conferencia en Alemania la semana que viene. Tenemos que repartirnos las tareas e intentar no pelearnos.

-Bueno, no ha dicho nada de dejarte medio muerta -dijo, con una media sonrisa en la boca. Le dí una colleja, disgustada, y me fui a la cocina.

Mickel me siguió y me dijo:

-¿A qué ha venido eso?

-Anoche la volví a escuchar llorar...

Mi hermano cambió su cara por una mueca de honda tristeza y me ayudó, en un profundo silencio, a hacer la comida. Cuando acabamos le dí un abrazo y pusimos la mesa. Me sentí como si comiese sola en mi casa. Nadie decía nada. No había nada que decir.

Tras comer fregué los platos y los cubiertos, y me fui a mi habitación. Retomé la lectura de un libro que me habían recomendado unas chicas de mi instituto. Estaba realmente picada con aquel libro que narraba las desventuras de un niño en un mundo fantástico en el que todo el mundo nacía con una criatura que, según su elemento, determinaban su destino en la vida. La criatura del niño había nacido muerta y, por lo tanto, estaba solo y triste, despreciado por todo el mundo, incluso por su familia, hasta que un día se encontraba a una especie de juglar que le dijo que no estaba solo, así que se embarcaba en una aventura sobre la razón por la que su criatura nació muerta junto con el juglar y su criatura.

Horas después el móvil comenzó a sonar. Lo cogí.

-¿Hola?

-Hola, querida -saludó la voz de Anne al otro lado-. Ya sé que aún no es la hora para que te lleves a Katherine al parque de atracciones pero no para de decirme que te llame para que no se te olvide y... Espera, cariño.

Escuché una risa y de repente una voz infantil y dulce me saludó.

-Hola, capitana.

-Hola, grumete. ¿Por qué perturbas el descanso de tu capitana? -dije, poniendo voz de dura.

-Lo siento, mi capinata. Temía que hubieses olvidado el plan de esta tarde.

-¿Cómo osas pensar que tu capitana podría haberse olvidado de ti? Mira, como sé que estás impaciente porque llegue ya la hora para irnos al parque de atracciones te propongo una cosa: vístete ahora mismo y nos vamos a dar un paseo, te llevo a comer helado y después nos vamos al parque. ¿Te parece bien, grumete?

-¿Estás segura? Es que no sé si mamá me dejará.

Escuché la risa de Anne al otro lado.

-¿Te atreves a contradecir a tu capitana?

-No.

-¿''No'' qué? -dije, con dureza.

-NO, MI CAPITANA. Me arreglaré en seguida, mi capitana.

-Te veo ahora, pequeña. Ponte bien guapa, ¿e?

-Si, lo haré. Hasta ahora.

Se oyeron unos pasos apresurados y una risa cansada al otro lado.

-¿Qué le has dicho? -me preguntó Anne.

-Le he dicho que me paso ahora a por ella. Me la voy a llevar de paseo a tomar algo dulce, ¿te parece bien?

 -Te la dejo en tu casa aprovechando que voy al trabajo. Pero no dejes que se aproveche de ti, que es una niña muy golosa -dijo Anne, riéndose-. Estaré ahí en unos minutos. Hasta ahora, querida.

-Hasta ahora, Anne.

Con una gran sonrisa me quedé pensando en lo divertido que debía ser tener una hermana pequeña como Katherine. Salí de mis ensoñaciones y me enfrenté a la ardua tarea de elegir ropa. Nunca tuve un gran sentido para vestir por lo que mi madre siempre había estado ahí para decirme qué colores convinaban bien o qué zapatos pegaban con qué tipo de ropa. Con mis escasos conocimientos de vestimenta fui a lo seguro: vaqueros, camiseta y mis desgastadas converse. Metí las cosas en la mochila y la dejé en la cama para poder ponerme las converse. Escuché el pitido de un coche, unos pasos apresurados y el sonido del timbre. Una risa infantil se colaba entre las rendijas de la ventana abierta. Bajé las escaleras dispuesta a dar la bienvenida a Katherine pero mi madre ya se había adelantado y hablaba alegremente con Anne mientras Katherine se despedía de su madre y corría a abrazarme cálidamente.

-Hola, capitana. ¿Nos vamos ya?

Vi que Anne paraba el coche y salía de él. Llamó a Katherine.

-¿Sí, mamá? -dijo con voz pícara.

-No te aproveches de la generosidad de Jackeline, ¿me oyes? Cuando te traiga le preguntaré si has sido buena y como no hayas sido buena...

Katherine se puso seria de repente. Me apresuré a decir con voz dramática:

-Si no eres buena haré que pasees por la tabla y te comerán los tiburones.

Con una mueca de auténtica sorpresa Katherine dijo:

-¿Tienes tiburones en tu casa? Pero si no tienes ni piscina, ¿dónde puedes guardarlos? ¿En la bañera? ¿PUEDO VERLOS?

Todos rompimos en carcajadas, incluso Mickel, tan serio que era, se estaba riendo abiertamente.

-¡Ay! Qué chiquilla más linda -dijo mi madre, secándose una lágrima que se le había escapado-. Ten cariño. Te dejabas la mochila en tu cama.

-Ostras... -me sorprendí por mi gran error. Le di un abrazo a mi madre-. Qué haría yo sin ti, mamá...

-Desde luego que a la feria no podrías ir -dijo, riéndose alegremente.

*          *          * 

Llegamos a la heladería, tan llena como todos los sábados. Cuando un chico le pedía una cita a una chica la solía traer allí. Estaba en un lugar escondido y su letrero no llamaba la atención pero por dentro era de vivos colores y los helados estaban deliciosos. Nos sentamos en una mesa, justo al lado de la ventana, y comenzamos la elección de sabores. Yo siempre pedía menta con chocolate y sirope de chocolate. De repente recordé lo que días antes me había dicho Katherine al despedirme de ella.

-Katherine... -dije, con un poco de seriedad.

-Dime -dijo, con la cara manchada de fresa y chocolate.

-El otro día, cuando nos despedimos, me dijiste que tuviese cuidado con "la chica de los ojos verdes" -. En seguida se puso seria y dejó de comer helado. Yo hice lo mismo.

-No dejes que os separe a Sam y a ti. Tú me caes mejor que ella, a ella no le gustan los niños y cuando estamos solas muchas veces me dice que cuando Sam y ella estén juntos me mandará a un sitio lejos y no podré volver a ver a mis amigos. Por favor, ¡no dejes que se lleve a Sam con ella! ¡No quiero no volver a ver a mamá ni a mis amigos! -dijo, con lágrimas en sus dulces ojos. Me acerqué a ella y la abracé. Quería preguntarle quién era y si veía muchas veces a Sam pero opté por dejarlo para otro momento. La tarde era para disfrutar con ella, no para verla triste. Ya habría tiempo para este asunto tan delicado.

-Tranquila, pequeña -. Le sequé las lágrimas con mi servilleta-. No dejaré que se lleve a Sam y mucho menos que te haga esas cosas tan horribles, ¿vale?

Me miró y noté que toda su preocupación desaparecía de repente. Una sonrisa afloró en su cara y siguió comiendo helado como una niña pequeña. Bueno, de hecho lo era. Noté que mi móvil vibraba de repente. Lo saqué. 'Hora de recoger a Kath', ponía en la pantalla.

-¿Ya has acabado, grumete? -le dije, con media sonrisa. Vi que se tomaba el helado muy rápido y noté cómo su cara cambiaba a una mueca de dolor.

-¡Aaaaah! ¡Mi cerebro se ha congelado! ¡No puedo ni pensar en cuánto me duele! -gritó. La gente nos miraba y sonreían. Estallé en carcajadas.

-Venga, vámonos a la feria que estará llena de gente y habrá muchas colas. Sobretodo en el Barco Vikingo -añadí, al ver que Katherine no mostraba interés. Me miró, sorprendida y se levantó. Me cogió de la mano y me condujo a la salida, acerada.

-¡CORRE, QUE LLEGAMOS TARDE!

-¡Espera, que tengo que pagar los helados! -dije, soltándole la mano. Me miró como enfurruñada. Contuve una sonrisa pícara.


*          *          *

Llevábamos escuchando la música de la feria desde hacía 20 minutos cuando llegamos a la entrada. Pasamos frente a miles de puestecitos típicos de las ferias con peluches, pulseras, camisetas y demás. Tras comprarme y ponerme una camiseta de uno de mis grupos favoritos (Linkin Park) encontré a una sorprendida Lisbeth a mis espaldas. Iba más guapa de lo normal.

-¡Hola, Jackie! -dijo, sonriente. Me dio un abrazo.

-Hola -. Sonreí. Hacía mucho tiempo que no la veía-. ¿Con quién tienes una cita? ¿Con Jacke Gyllenhaal?

-¿Crees que me he pasado? 

-Nah, vas genial. Tiene que ser alguien muy especial para que vayas así. Tendrías que haberte comprado el vestido de otro color.

-¿No te gusta el rosa? -preguntó, incrédula.

-No me apasiona, la verdad. Pero a ti te queda muy bien, y no soy yo la que va a tener una cita con alguien así que espero que triunfes mucho con tu vestido rosa. 

De repente salió Katherine entre las camisetas, con un peluche en la mano y cara suplicante. 

-Jackeline... -dijo, poniendo una voz dulce e inocente-. ¿Has visto qué peluche taaaan bonito he encon...

Se interrumpió al ver a Lisbeth, que también parecía sorprendida. En seguida Katherine se escondió detrás de mí, tímida de repente. Me sorprendió mucho, ella solía ser muy abierta con todo el mundo.

-Ah, esta es Katherine, la hermana pequeña de Sam -miré a Katherine, esperando que dijese 'Hola'.

-¿Podemos irnos ya? Seguro que la cola del Barco Vikingo será muy grande y no podremos montarnos -dijo, para mi sorpresa.

-¿No saludas, grumete? 

-Lo siento, Jackie, no tengo mucho tiempo. He quedado dentro de media hora y tengo que cojer el bus. Ya nos veremos otro día, ¿vale?

-Vale -dije, aún un poco confusa. Le di dos besos y un abrazo-. Suerte con tu cita, seguro que te va muy bien.

-¡Gracias! -respondió, alejándose y despidiéndose con la mano.

Me volví a Katherine, que había dejado el peluche en su sitio y había vuelto a ponerse detrás de mí.

-¿Qué te ha pasado, pequeña? -dije, conciliadora. Me puse a su altura y le acaricié el pelo. En seguida entendí lo que pasaba-. Mi amiga te ha recordado a "la chica de los ojos verdes", ¿verdad?

Ella me abrazó y dijo:

-Jackeline...

Era la primera vez que me llamaba por mi nombre completo. Sentí una garra de hielo oprimiéndome el corazón.

-¿Qué pasa, Katherine?

-No quiero que ella me haga nada malo. No dejes que me aleje de mamá ni de mis amigos..., ni de ti.

Contuve las lágrimas. Me vi reflejada en su dolor por unos instantes. La separé de mí y le dije, seria:

-Prometo que no dejaré que ella te haga daño, ¿me oyes? No permitiré que te aleje de mí. Te llevaré a mi casa si es necesario, pero no dejaré que te diga esas cosas tan horribles.

En seguida dejó de llorar y su tristeza quedó sustituída por una gran sonrisa. Me cogió de las manos y tiró suavemente de mí para abrazarme. Se soltó y salió corriendo, en dirección al Barco Vikingo. Corrí tras ella, feliz de haberla hecho sonreír.

Ya en la cola del Barco Vikingo comencé a pensar que disponía de poco presupuesto para ambas y que no podríamos montar en más de dos atracciones y tendríamos que compartir el algodón de azúcar. Saqué el monedero para pagar las entradas cuando topé con algo: un billete de 20€ y una nota:

"Para que podáis divertiros aún más. 

                                       Con amor, mamá".

Sonreí de oreja a oreja. Aunque no tanto como Katherine, que miraba hipnotizada cómo el barco iba y venía. Me miró de repente muy seria.

-¿Esto está ocurriendo de verdad, hermanita?

Me sorprendió un poco su pregunta.

-Pues claro que sí... A no ser que estemos dormidas en las camas de unos aliens mientras nos estudian en su nave y nos hemos encontrado dentro del mismo sueño -. Vi que se sorprendía por mi historia-. Pero no te preocupes, los aliens solo eligen a las personas malas para estudiarlas y hacerles pruebas. Además, nadie se atrevería a meterse con las piratas más temidas de los siete mares, ¿verdad?

Asintió con una tímida sonrisa y volvió a contemplar el barco con un aire muy serio. De repente dijo:

-Espero que los aliens cojan a la chica de los ojos verdes y la estudien.

La miré con tristeza y la atraje a mi lado.

-Katherine, no está bien desear que a la gente le pasen cosas malas.

Me miró muy sorprendida.

-¿Incluso si son malas?

-Incluso si son malas.

-¿Y por qué? -preguntó, reticente a esa idea.

-Porque eso sería rebajarse hasta su nivel, ¿y a que no te gustaría rebajarte al nivel de una mala persona?

Me miró confusa.

-¿Qué es rebajarse al nivel de una mala persona?

-Llegar a ser como ella -le expliqué.

Volvió a sorprenderse. Vi el arrepentimiento en su mirada y noté que se sentía mal.

-Pero tranquila -continué-, tarde o temprano a las personas malas les pasan cosas malas y se llevan su merecido. Los buenos siempre ganan.

Me miró y sonrió de forma cálida. Cómo me encantaba aquella niña. De repente el barco fue parando hasta dejar de moverse por completo. Faltó tiempo para que Katherine saliese corriendo en dirección a una de las cárceles del barco, dispuesta a todo. Entré tras ella y cerraron la puerta con una gran cadena.

A Katherine se le iluminaron los ojos cuando comenzó a moverse, de alante a atrás. Sentí que mi estómago quería separarse del resto de mi cuerpo pero esa sensación pronto quedó sustituída por un sentimiento salvaje de libertad. Comenzamos a gritar y a gritar. Cuando el barco se preparaba para bajar nos cogíamos a las barras de arriba en la cárcel y levitábamos durante unos instantes. Cómo me gustaba aquello. Contemplé las extraordinarias vistas de las que se gozaban en el vértice del barco: se veía la feria entera y la ciudad un poco más allá, en una danza de música, luces de colores y una extraña tranquilidad de la que se gozaba justo cuando el sol ya se escondía tras el río. Quedé como en trance, lejos de donde estaba. Sentí una paz casi total y creí ser, por unos instantes, la única persona en todo el mundo. Imaginé ser un pájaro que contempla la tierra, ajeno a lo que ocurre en ella. Imaginé ser el viento, recorriendo cada rincón de la feria, llevando las risas y el olor a gofre recién hecho a cualquier parte. También imaginé ser las luces de colores, transmitiendo mil y una sensaciones distintas. Pero todo eso acabó.

Todo eso acabó...

Porque vi a Lisbeth con su increíble vestido rosa.

Porque Sam estaba paseando a su lado.

Porque la besó como nadie me besaría a mí nunca.


Con cariño, Jackeline.


P.D.: ...



















¡Hola pesimistas!

Sobre lo de las imágenes que no sabía si ponerlas o no, en la encuesta la mayoría de los votantes (yo incluída) habéis votado que suba fotos a lo anime. Así sea.

Puede que en algún momento veáis que no son los mismos personajes, tranquil@s, es porque no he podido encontrar el nombre del anime. Hace unos días encontré la siguiente imagen (Que aparecerá en el siguiente día del diario de Jackeline)

Si sabéis el nombre del anime POR FAVOR!! me haríais muuuy feliz diciéndomelo... Os estaría eternamente agradecidísima.


Pues eso era lo que quería decrios. Espero que os guste esta mejora y algo sobre lo que dos de mis seguidoras me han dicho... Lo de que tardo mucho en colgar las entradas. Lo siento, con el insti voy muuuy liada, y para colmar el vaso soy la persona más despistada y olvidadiza que hay en el mundo. -_-

Perdón.

Hasta aquí todo. Besos y Hasta Dentro De Muchas Canciones.






P.D.: Podría ser peor, ¿no?