♫Music♫

Bienvenido, pesimista!

Espero que salgas de aquí satisfech@ al leer las desventuras de Jackeline, la desgraciada protagonista de este blog.

Hasta Dentro de Muchas Canciones, Krh.

Noveno día: En una cúpula.

El viaje en barco vikingo había terminado, pero yo no me había dado cuenta de ello. Mi mente seguía perdida y embotada, preguntándome si lo que había visto era real o me lo había imaginado. Katherine me condujo de la mano hasta la salida de la atracción y me miró, preocupada.

-¿Qué pasa, hermanita? ¿Te has mareado? Sam me había dicho que no te gustan las atracciones fuertes, pero no imaginé que te fueses a marear...

Salí de mi ensueño y me obligué a sonreír.

-Ha sido mucha impresión para mí. Nada más, pero me ha encantado. Si quieres montamos otra vez.
Kath me miró, extrañada, y negó con la cabeza.

-Mejor vamos a sentarnos, estás muy pálida. La próxima nos montamos en los coches de choque, seguro que así te pones mejor -. Sonrió de forma cálida y me cogió de la mano hasta conducirme hasta el primer banco que vimos.

No podía parar de darle vueltas a lo que había visto. Necesitaba hablar con Sam. Cogí el móvil y lo llamé, sin pensármelo dos veces.

Piiiiiiii...

Piiiiiii...

Piiiiiii...

-¿Hola?

-Hola, Sam. Soy Jackeline.

-Ah, hola preciosa. ¿Cómo estás?

-Muy bien, aunque un poco mareada. Acabamos de salir del Barco Vikingo. Había unas vistas excepcionales.

-Siento que te hayas mareado y también siento no poder estar ahí contigo y con Kath. Le hacía mucha ilusión estar con los dos y -. Escuché una voz femenina por detrás-:, espero que podamos volver a quedar antes de que se acabe la feria. 

-¿Qué tal te va? Ni si quiera me dijiste a dónde te ibas... -acabé, dejándolo como una pregunta en el aire.

-Lo siento. Por cierto, John te manda saludos. Estoy con él en su casa, preparando un trabajo que nos mandaron, y John solo podía quedar hoy, así que no tuve más remedio que decirle que si. Te lo compensaré, te lo prometo -. Volví a escuchar ese susurro con voz femenina-.

-Dile que gracias por los saludos -dije, tratando de contener la voz que estaba a punto de empezar a temblarme. Kath me miraba, muy seria -. Te dejo, Kath tiene cara de que quiere seguir montando en las atracciones. Hasta otro día. Te quiero.

-Hasta otra. Yo también te quiero, preciosa.

No colgué y esta vez entendí lo que decía la voz antes de que Sam colgase:

-Por fin ha colg-.

Seguía con el móvil en la oreja mucho después de que la conversación con Sam hubiese terminado. Tenía la mirada perdida y vacía y, aunque no lo creáis, no sentía nada más que un dolor sordo y lejano, como si estuviese en una cúpula. Pero pronto comencé a pensar en Kath y en la imagen que ella tendría de mí en aquel momento. Compuse la mejor sonrisa que fui capaz.

-Lo siento, pequeña. El barco vikingo me ha dejado mal. Pero ya estoy bien, vamos a los coches de choque, ¿si?

Kath sonrió y, tan cálida y nerviosa como siempre, me llevó hasta los coches de choque.

                                                             *              *              *

Llegué a casa de Anne un poco antes de la hora prometida, alegando que el algodón no me había sentado muy bien. Anne me dio las gracias por haber llevado a Kath a pesar de que Sam no había podido ir y Katherine me dijo que quería volver a repetir dentro de poco. Pero yo no me di cuenta de ninguna de esas cosas. Estaba embotada y confusa, como si hubiese despertado en un lugar desconocido y todo fuese distinto, como si las luces de las farolas no alumbrasen del todo la calle, como si los coches hiciesen menos ruido del habitual. Todo era menos, y menos era todo lo que sentía. Incluso estuve a punto de ser atropellada por un ciclista. Sigo sin recordar cómo llegué a mi casa y qué fue lo que me dijo mi hermano sobre no-se-qué juego nuevo que se había comprado esa tarde. Llegué a mi cuarto, ordenado y limpio. Dejé la mochila en la cama y me acosté, con la luz apagada. Me fijé en que la luna creciente pasaba por la ventana abierta. La cerré. Me sentí una extraña en mi propio cuarto, examinando cada rincón y cada estante, en busca de algo que me resultase familiar. Volví a tumbarme en mi cama, con el móvil encendido y con la foto que tenía de Sam en el fondo de la pantalla.

Rompí a llorar.


Con cariño: Jackeline.

P.D.: Aunque podría ser peor, ¿no?

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